domingo, 23 de enero de 2011

Está nevando en domingo

Porque el cielo se deshace en copos
que caen bailando sobre la tierra
como se deshacen los sueños que un día
rellenaron las nubes,
nos abrigamos de historias y braseros
que nos alienten hacia la rosa,
nos refugiamos dentro de las botas que nunca
nos ayudaron a levantar el vuelo.


Porque nieva en domingo y el lunes
tiembla de incertidumbre en el calendario
y las manos sacan de los bolsillos
pañuelos arrugados como quien recuerda
antiguas fiebres desperdiciadas.


Porque el frío nos parte la memoria,
olvidamos las alergias, el sudor
de las otras manos que tuvimos entre las nuestras,
las canciones aquellas que nos desnudaban
en otra carne más remota. Porque quizás
los coches patinen si cambian la trayectoria,
porque puede que haya que abrazar las cadenas
que nos sujetan al pasado,
porque miedo multiplicado por frío
es mucho más miedo que vergüenza,
quiero recordarte que no habrá invierno
que pueda detener la primavera.


DESPERTAR


Ese hombre que camina
con las manos sujetas a la espalda,
nos saluda al pasar, comprueba su reloj,
acude a su quehacer sin preguntarse
si va en su dirección y en su sentido.


No sabe que a su espalda se libra una batalla,
que su mano derecha
aferra sin piedad a la otra mano,
la retiene a su antojo por la fuerza,
prisionera, infeliz, sin voluntad.


Si un buen día la mano sometida
se niega a cooperar y en un descuido
reduce a su adversaria, se hace fuerte,
toma la iniciativa, arrebatando
el rumbo de los pasos, ya se atreve
a estrenar una vida renovada?


¿qué será de ese hombre inofensivo
cuando empiece a arrojarse a la aventura,
a derrochar las suelas y el impulso,
abandonándose al azar
del encuentro feliz, recolectando
a su paso semillas y canciones?


(Eduardo García, La vida nueva, 2008)



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