jueves, 10 de febrero de 2011

Cita-cine

Quisiera concertar para esta misma noche
una cita contigo en mi memoria.
Pongamos a las once, si no te importa
venir cuando el resto del mundo me sobre
y lo deje derretirse entre las sombras.


Digamos que a esa hora, propicia
para la piel y los fantasmas,
acudiremos con los ojos en silencio,
armados con un corazón que palpite
tan tenuemente
como se nos han ido parando las alas
de mariposa de aquel beso en el que resbalaba
la primavera que me trajiste.


No temas, sólo quiero una cita discreta,
acompañarte hacia la oscuridad del cine
en el que mis labios te proyectan
en sesión contínua
y, después, pero antes
de que nos sorprenda de nuevo
la claridad de la vida
con sus títulos de crédito,
recordar aquel abrazo estremecido
que nos propinamos sin miedo
y poder sentirte, otra vez,
ardiendo aroma en mi mejilla.



DEL OLVIDO


Sé que es miedo, lo sé,
y también que no tiene base alguna,
si acaso tan mudables adornos,
tan débil aparejo,
aquél que sólo vale
como ancla de la muerte.


¿Cómo decir, ahora,
que temblaba de miedo
al medir el olvido?


(Trinidad Gan, Fin de fuga, 2007)



1 comentario:

marmota dijo...

aiss, ¡Qué bonito!. Es estupendo ser lector y adueñarse de tus poemas.

Publicar un comentario