martes, 5 de abril de 2011

Oración de viernes

Que exista el cielo
aunque yo no encuentre en él mi sitio.
Que haya otra vida
aunque en ella me toque estar muerto.
Que tu vientre esté siempre lleno de mariposas
aunque no sepan hacer volar
mi nombre.
Que tus ojos se abran repletos de luz
aunque yo no pueda verlos.
Que rompas el aire en trocitos de carcajada,
que estés alegre y loca y risueña,
que te rías siempre, con tu risa llena,
aunque sea de mí.
Que seas feliz
y, aunque ya nada sea del todo conmigo,
que nada sea, tampoco,
completamente sin mí.



ANGELUS


Quién me iba a decir que el destino era esto


Ver la lluvia a través de letras invertidas,
un paredón con manchas que parecen prohombres,
el techo de los ómnibus brillantes como peces
y esa melancolía que impregna las bocinas.


Aquí no hay cielo,
aquí no hay horizonte.


Hay una mesa grande para todos los brazos
y una silla que gira cuando quiero escaparme.
Otro día se acaba y el destino era esto.


Es raro que uno tenga tiempo de verse triste:
siempre suena una orden, un teléfono, un timbre,
y, claro, está prohibido llorar sobre los libros
porque no queda bien que la tinta se corra.


(Mario Benedetti, Poemas de la oficina, 1953-56)

1 comentario:

marmota dijo...

Últimamente estás francamente inspirado, poeta (lo de poeta es en el buen sentido, sin ánimo de ofender :) ) PD: ¡¡ Benedetti será Benedetti, pero anda que tú¡¡ muacs

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