lunes, 24 de septiembre de 2012

A propósito de la nostalgia

A propósito de la nostalgia que da pensar en las cosas de niños y en cómo es que aún nos hacen arrugar la nariz y sentir las mejillas estallando en sonrisa, no he podido evitar la tentación de desenredar esa madeja.

He tirado del hilo inquebrantable y lejano del ayer, ese que endulzan todas las memorias disimulando las penas, y me he vuelto a ver enfrascado en lecturas. He vuelto a sentir el resplandor de la lámpara de la mesilla, el olor a madera en carne viva, a sábanas revueltas al sueño.

He tenido de nuevo el bolígrafo negro en las manos, las gafas rayadas de pasta resbalando la nariz y se me ha dormido el brazo con el que me sujetaba la cabeza mientras escribía de noche en mi vieja libreta.

Y cuando he vuelto al fin, cuando me he podido despegar la melancolía que llevaba adosada en mi mirada perdida y he puesto los ojos aquí, no he podido resistir traerme un poquito de agua del ayer y mojar con ella este texto.


Y nosotros, solos,
incrustados en el paisaje…
¡Qué inmensa tranquilidad
nos arropaba!

El dedo de la tarde
nos acariciaba
con su cielo azul,
con sus verdes paredes,
con el murmullo del agua…

¡Qué canción de silencio
entre dos caras!

La noria de las palabras,
continuamente,
iba y venía…

El ” te quiero” , resonó
con su eco largo.
El beso que no di…
¡Me dolió tanto!

(Granada, 11 de junio de 1982)


De la nostalgia

Recuerdo solamente que he olvidado el acento de las más amadas voces,
y que perdí para siempre el olor de las frutas de la infancia,
el sabor exacto del durazno,
el aleteo del aire frío entre los pinos,
el entusiasmo al descubrir una nuez que ha caído del nogal.
Sortilegios de otro día, que ahora son apenas letanía incolora,
vana convocatoria que no me trae el asombro de ver un colibrí entre mi cuarto,
como muchas madrugadas de mi infancia.
¿Cómo recuperar ciertas caricias y los más esenciales abrazos?
¿Cómo revivir la más cierta penumbra, iluminada apenas con la luz de los Beatles,
y cómo hacer que llueva la misma lluvia que veía caer a los trece años?
¿Cómo tornar al éxtasis de sol, a la luz ebria de mis siete años,
al sabor maduro de la mora,
a todo aquel territorio desconocido por la muerte,
a esa palpitante luz de la pureza,
a todo esto que soy yo y que ya no es mío?

(Darío Jaramillo Agudelo, Poemas de amor, 1986)

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