Vamos a ver si nos aclaramos.
Si no es que yo tenga nada
contra el inútil oficio de poeta,
no me parece mala palabra,
en todo caso, escueta.
Lo que me pasa
es que me siento estrecho
en los renglones tan cortos
y las rimas me dan amnesia,
una amnesia que se lanza
a buscar el asonante oportuno
en lugar de buscar el verbo justo
que me pide la cabeza.
Quizás podría probar a separar las paredes de los versos y distanciarlas
dejando que la respiración se encabalgue sin comas ni cesuras,
a procurar no querer decir nada en ellos y a olvidarme de las rimas,
a partir los renglones sin orden ni concierto y que la melodía
o el ruido de fondo de tanta palabra seguida abarrote el poema.
Pero no, no lo consigo, estoy algo más ancho, pero incómodo,
llego asfixiado a las últimas palabras, me falta sangre para tanto
movimiento de cabeza y, para que quepan todas la líneas en el folio,
tengo que ponerlo apaisado o escribir con una letra muy pequeña.
Y no tengo nada
contra el inútil oficio de poeta,
no me parece mala palabra
ni que sea una profesión fea.
Es, simplemente, en fin,
que me ocurre como a tantos,
que no tengo ni idea
de lo que hago
aquí.
POETA EN TIEMPO DE MISERIA
Hablaba de prisa.
Hablaba sin oír ni ver ni hablar.
Hablaba como el que huye,
emboscado de pronto entre falsos follajes
de simpatía e irrealidad.Hablaba sin puntuación y sin silencios,
intercalando en cada pausa gestos de ensayada
alegría para evitar acaso la furtiva pregunta,
la solidaridad con su pasado,
su desnuda verdad.Hablaba como queriendo borrar su vida ante un
testigo incómodo,
para lo cual se rodeaba de secundarios seres
que de sus desprecios alimentaban
una grosera vanidad.Compraba así el silencio a duro precio,
la posición estable a duro precio,
el derecho a la vida a duro precio,
a duro precio el pan.Metal noble tal vez que el martillo batiera
para causa más pura.
Poeta en tiempo de miseria, en tiempo de mentira
y de infidelidad.(José Ángel Valente, La memoria y los signos, 1966)
XXVII
A usted le doy una flor,
si me permite,
un gato y un micrófono,
un destornillador totalmente en desuso,
una ventana alegre.
Agítelos.
Haga un poema
o cualquier otra cosa.
Léasela al vecino.
Arrójela feliz al sumidero.
Y buenos días,
no vuelva nunca más, salude
a cuantos aún recuerden
que nos vamos pudriendo de impotencia.(José Ángel Valente, Treinta y siete fragmentos, 1971)
1 comentario:
Poeta, me gusta lo que describes, tú, me gusta la poesía, si la escribo o no, es cosa del que la lee, y califica; me gustan los dos poemas, que expones, le buscare, al autor; es verdad, para el profecional, y para el neofito, como yo, que al escribir, buscas, el saber poner ese punto, esa coma, gracias por enseñar, abrazos Lupita
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