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lunes, 27 de septiembre de 2010

Síndrome

Lentamente, así, poco a poco,
como nudos tejiendo una red, con la constancia
del tronco sujetando la rama
que se resiste al viento y modifica su rumbo,
con la diligencia de una araña afanosa
que despliega su tela acotando un espacio,
despacio, como la gota de la cueva
va horadando la piedra primero,
para rellenar después lo reseco
con su charco y su propia humedad,
como el mar va entrando en los peces
dándoles la libertad de tenerlos
atrapados por las branquias,
así, mutuamente,
nos vamos secuestrando poco a poco,
dejando abiertas las puertas al aire, embebiéndonos
en los demás, derramando en ellos, sin orden,
esa necesidad de no defenderse,
la conformidad de sentirse a salvo
detrás de las rejas, la esperanza secreta
como placebo contra la soledad.
Y así, desde el amor, ese síndrome,
un día miramos atrás o adelante, o a los lados,
y descubrimos que todos los caminos aquellos
por los que anduvimos con el corazón,
conducen a Estocolmo.


ÉPOCA DE CRISIS


Este edificio tiene
los ladrillos huecos,
se llega a saber todo
de los otros,
se aprende a distinguir
las voces y los coitos.
Unos aprenden a fingir
que son felices,
otros que son profundos.
A veces algún beso
de los pisos altos
Se pierde en los departamentos
inferiores,
hay que bajar a recogerlo:
"Mi beso, por favor,
si es tan amable".
"Se lo guardé en papel periódico".
Un edificio tiene
su época de oro,
los años y el desgaste
lo adelgazan,
le dan un parecido
con la vida que transcurre.
La arquitectura pierde peso
y gana la costumbre,
gana el decoro.
La jerarquía de las paredes,
se disuelve,
el techo, el piso, todo.
Se hace cóncavo
es cuando huyen los jóvenes,
le dan la vuelta al mundo.
Quieren vivir en edificios
vírgenes,
quieren por techo el techo
y por paredes las paredes,
no quieren otra índole
de espacio.
Este edificio no contenta
a nadie,
está en su época de crisis,
de derrumbarlo habría
que derrumbarlo ahora,
después va a ser difícil.


(Fabio Morábito, De lunes todo el año, 1992)