miércoles, 14 de diciembre de 2011

Nostalgia de peso

Siento nostalgia de tu peso, del modo
tan particular que tiene el amor
de encaramarse a las sillas,
de esa sensación de espuma en el pecho
cuando respirabas apuntándome al corazón.

Los besos, en cambio, han pasado
a mejor vida; quiero decir que se han liberado
de la saliva, del aliento, de la lengua,
y ahora existen en mí mismo, infinitos,
contenidos, tan a mano de la química
que llevo dentro que ya no puedo
distinguirlos de mis labios.

Es curioso que la nostalgia se me acumule
en los brazos abiertos, en los muslos exentos
de ese peso justo que me baja a la tierra.
Es curioso sentir esta nostalgia de tu peso.

Tú dirías, con esa niebla con que miras la vida,
que se puede vivir sin abrazos y sin besos.

Seguramente tendrías razón si lo dijeras
como lo dices todo, mansamente,
como quien alumbra el fondo de la celda
en la que se desespera de oscuridad;
tal vez tuvieras razón y se pueda
tener una vida corriente entre las manos
sin otra cosa que llevarse a los muslos
que el recuerdo de un peso
sostenido en contra
de la ley de la realidad.

3 comentarios:

Anonymous dijo...

Precios.La primera estrofa es magnifica, y el conjunto consigue un precioso poema.
anónimo motrileño

Anonymous dijo...

Precioso,si.
me debes un beso.. No te lo perdono
Me debes un beso.. me lo cobraré..
Pepe Blanco dixit (El del cocidito madrileño)

Y como yo leo lo que quiero ¡te mando tres sacos de besos, ea!

anónima madrileña

Rezguez dijo...

Anónimo motrileño: gracias por los halagos y por el comentario.

Anónima madrileña: Tres sacos de besos son un exceso. No obstante, los guardaré para repartir.

Eso sí, advierto: los besos no se deben.

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