lunes, 12 de diciembre de 2011

Posibilidad

Estoy muy contento. Aquí sentado, con el ruido de fondo de la noche, en mitad del escenario de las cosas importantes, echo atrás la mirada y veo todos los regalos que me ha traído el día.

Como si el árbol adornado tuviese 24 horas de ancho, he ido desenvolviendo regalos. Me han regalado palabras y lotería, me han invitado a una cena, me han ofrecido un viaje.

Me han regalado chismes, recetas y secretos. He recibido conversaciones, halagos, gratitud, besos. Incluso un conocido me ha dado la confianza de su teléfono. También en el trabajo me han insistido en que prospere y suba de cargo.

He recibido, como el gran regalo que es, una mirada hasta el fondo, unas palabras desde dentro, una sonrisa abierta. Me han regalado llamadas, mensajes y hasta me han regalado alguna mentira.

Estoy muy contento porque cualquier día es Navidad. Y es eso mismo lo que he recibido, todos los regalos que antes he descrito coinciden en ser el mismo, lo único que verdaderamente se puede ofrecer sinceramente, sin miedo a equivocarse. Ningún regalo estaba repetido y, sin embargo, sí, todos me han regalado lo mismo: la posibilidad.

Estoy muy contento porque hoy, que es un día cualquiera sin nombre, he decidido que es eso mismo lo que quiero pedirle a mañana. Para los reyes magos, en cambio, me reservo pedirles lo imposible.



Con la flor del domingo ensartada en el pelo, pasean en la alameda antigua. La ropa limpia, el baño reciente, peinadas y planchadas, caminan, por entre los niños y los globos, y charlan y hacen amistades, y hasta escuchan la música que en el quiosco de la Alameda de Santa María reúne a los sobrevivientes de la semana.

Las gatitas, las criadas, las muchachas de la servidumbre contemporánea, se conforman con esto. En tanto llegan a la prostitución, o regresan al seno de la familia miserable, ellas tienen el descanso del domingo, la posibilidad de un noviazgo, la ocasión del sueño. Bastan dos o tres horas de este paseo en blanco para olvidar las fatigas, y para enfrentarse risueñamente a la amenaza de los platos sucios, de la ropa pendiente y de los mandados que no acaban.

Al lado de los viejos, que andan en busca de su memoria, y de las señoras pensando en el próximo embarazo, ellas disfrutan su libertad provisional y poseen el mundo, orgullosas de sus zapatos, de su vestido bonito, y de su cabellera que brilla más que otras veces.

(¡Danos, Señor, la fe en el domingo, la confianza en las grasas para el pelo, y la limpieza de alma necesaria para mirar con alegría los días que vienen!)

(Jaime Sabines, Diario semanario y poemas en prosa, 1961)



EL POEMA DE LAS POSIBILIDADES

Abre
tal vez sea el cartero
con un ramo de rosas que entregarte
o el amor se disfrace (disfrazado)
de cita ocasional: perdón
equivoqué la puerta y la escalera,
no vamos a negar nuestro destino ahora.
Tal vez sea la tarde
con su mejor sonrisa y alguna solución,
la realidad vestida
de cobrador de deudas que son tantas,
o algún recuerdo antiguo
de los que trae la lluvia.
Quizás
no haya nadie ya
después que te decidas.
Pero si acaso abres
y si además es ella,
pero si acaso vences
el peso de esta tarde de soledad en tus piernas
y te la encuentras quieta
mirándote a los ojos en la puerta,
no hay nada que entender,
nada es preciso,
murmúrale que todo está en su sitio,
la puerta, la escalera,
el jarrón con las flores,
la tibieza,
el visillo cerrado en la penumbra.
Ofrécele tu casa…
y su destino.

(Canción de Esteban Valdivieso, en la letra colaboran García Montero y Álvaro Salvador, 1988)

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