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domingo, 7 de octubre de 2012

Mensaje en una botella

Es verdad que no parece mucho,
solo un mensaje de naufrago
tirado al mar de la distancia,
aparecido apenas entre las letras
rigurosamente raras que practico
encadenando versos
                             a la deriva.

Cada vez que todo se derrumbe
o sientas el vértigo del abismo,
no dejes de entender su secreto,
tácito pero cierto, limpio. Tú sólo
intenta llevarlo de la mano contigo,
guardarlo en el corazón desamparado
o en la memoria
                      de la noche.

Verás que el mensaje no se borra
incluso aunque le llores miedo encima;
disipa con él tus sueños amargos de ceniza,
ábrele paso hacia las nuevas olas
                                              que se avecinan.




Que el azar me lleve hasta tu orilla,
ola o viento, que tome tu rumbo,
que hasta ti llegue y te venza mi ternura.

(Darío Jaramillo Agudelo)


lunes, 2 de abril de 2012

Mensaje cifrado

Que el cielo es vecino del infierno
puede saberlo cualquiera. Cualquiera
que sepa de la oscura medianoche
que siempre antecede a las despedidas,
cualquiera que conozca el ruido de las persianas
cuando se cierran las tiendas por vacaciones.

Por eso, algunas veces, las tormentas
pueden ahogarse en risa y el letargo de los días lentos
derretirse en haces de luz caligrafiada
con esa extraña ortografía rugosa
de los caprichos del azar.

Algunos días tristes y solitarios,
incluso en la más profunda de las derrotas,
traen escondidas travesuras cifradas
para que a los naúfragos de las botellas
les sonrían de medio lado
las mejillas del porvenir.

Que el cielo y el infierno son vecinos
ya se sabe;
que cada día dan en el barrio una fiesta
a la que todos estamos invitados,
como cualquiera sabe,
a reír llorando y viceversa.