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martes, 26 de junio de 2012

Playa

Al borde de estar mojado,
en el límite de la tierra adentro,
donde el horizonte raya el agua
como un sueño lejano que se interpone
entre el mar y el cielo,
pisábamos el contorno de la sombra
que distingue la luz con otro brillo.

En la linde que separa la vigilia del sueño,
jugando sobre el borde que delimita
un cuerpo tendido y abierto a la blandura del espacio,
una piel divisoria que se dilata hasta el margen
de otro cuerpo vertical y rígido de normas,
hablábamos sobre la orilla de una memoria
que distingue el presente con otra luz.

Estábamos en ese confín en donde se encuentran
el principio de una desnudez agradecida
con el final de las vestiduras rotas,
en esa misma duda que separa tu mano diurna
de la nocturna constelación de mis lunares,
donde la sal se acumula en contra
de todo sol que nos vuelve desierta
la sed de la vista y el hambre del deseo.

Estuvimos allí, sin sospecharlo,
donde un puñado de arena que se escapa de las manos
se enfrenta con la metáfora
de un reloj negro que se detiene,
en donde un aceite hierve de frontera
y, poco a poco,
desaparece en las mismas pieles que separa,
entre la toalla y el suelo,
entre una multitud de barbarie libérrima
y la solitaria extensión esclava de uno mismo.

Allí estuvimos, sin saberlo,
en ese punto en el que confluyen
todos los límites, al borde de todo y nada,
en el contorno de una vida
que nos rehuye y se nos escapa,
en el punto difuso donde el mundo
concurre al mismo tiempo que escurrimos,
cuando se pueden tomar todas las direcciones
que no van a conducirnos a ninguna parte.

Y aunque no regresamos intactos
porque es un tiempo que se nos tatúa,
te miro el cuerpo, me miro los sueños
y no nos descubro quemaduras.
Tal vez sobrevivamos a todas las playas
que aún nos quedan que pisar.




ESTA IMAGEN DE TI

Estabas a mi lado
y más próxima a mí que mis sentidos.

Hablabas desde dentro del amor,
armada de su luz.
Nunca palabras
de amor más puras respirara.

Estaba tu cabeza suavemente
inclinada hacia mí.
Tu largo pelo
y tu alegre cintura.
Hablabas desde el centro del amor,
armada de su luz,
en una tarde gris de cualquier día.

Memoria de tu voz y de tu cuerpo
mi juventud y mis palabras sean
y esta imagen de ti me sobreviva.

(José Ángel Valente)

domingo, 12 de febrero de 2012

Sé que llego tarde

Pérdoname si llego tarde, pero es que todo me llega tarde.

Siempre que acudo, por más prisa que me doy en alcanzarte, cuando te tengo a tiro de beso, tú ya eras tú, ya estabas allí hace tiempo. Y te sigo viendo, pero más adelante.

Es la gran estafa de los adverbios. No puedo salir de aquí, estoy atrapado; allá donde vaya, siempre me llevo. Y tú, sin embargo, por despacio que te muevas, por milimétrico que sea el espacio que nos separa, siempre vives en un allí.

No puedes estarte quieta, lo sé, tu cabeza siempre a la cabeza, atravesando los domingos hacia el lunes, aprovechando el tiempo que no tienes. Y yo despacio, tan quieto, tan callado, tan viernes.

Sé que llego tarde, que siempre me retraso; pero llego y llegar es vencer. Convencerte de que me esperes, no puedo, no sé. Pero llego y al llegar contemplo el sitio en el que estuviste y lo quiero y te quiero y quiero perseguirte otra vez.

Para eso me sirve la utopía, el horizonte, tú. Para llegar tarde, sabiendo a tiempo hacia dónde ir.

Creo que sí, que llego tarde. Lo sé porque yo acabo de empezar un domingo y a ti te veo, ya, allí, en el centro del catorce de un martes, mirando atrás, esperándome.

Te llegaré tarde, ya lo sé y tú lo sabes. Pero te quiero temprano, pronto, ahora, en este acto.



domingo, 4 de diciembre de 2011

Hipoacusia

Pruebas, análisis, informes. Todo se resuelve en el centro de un puñado de aparatos.

"Todo bien", me dijo susurrando, "pero tiene usted un problema de hipoacusia bilateral simétrica". Le oí perfectamente, pero respondí con un "¿qué?" que completara la gracia.

Entonces me explicó que tengo pérdida de audición en ciertas frecuencias, exactamente las mismas en ambos oídos. Dichoso equilibrio, pensé yo, para esto es para lo único que me sirve.

"O el ruido de su trabajo, o cambios de presión, o alguna práctica que comprimiese el aire alrededor de sus orejas, pero usted no es tirador", añadió para no parecer tan circunspecto y rechazar mi broma sin estreñimientos.

Tres años estuve subiendo a una montaña y bajando una colina. Veinticuatro años de risas, cantos, quejas y llantos en el trabajo. Cuarenta y seis de truenos y relámpagos cuando se va extinguiendo el verano.

Pero yo no sé vivir sin mentirme, así que cuando llegué a casa tuve que inventarme una sombra que me preguntaba por cómo me había ido. Y le mentí a la sombra para tener un melodrama que llevarme a los sueños, cuando le dije:

-Cariño. Lo que el médico me ha dicho, es que no es bueno que aprietes tanto las piernas.

Hipoacusia bilateral simétrica y, posiblemente, imaginaria. Lástima, sombra, que mis mentiras nunca acaben siendo verdad y no te oiga bien y que si soy agua tú me llevas y que el horizonte no sea un muro que me quepa entre las cejas.