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viernes, 9 de noviembre de 2012

Lluvia, otra vez

Ha cambiado el insomnio viejo por otro nuevo. Se le desgranaba la noche como una margarita de deseos, se enredaba en rostros difusos o en versos por escribir. Se levantaba y se escurría entre las pantallas buscando hueco.

Pero el insomnio es otro ahora, uno de margaritas con un sólo pétalo, con un solo rostro nítido, con versos escritos por otros. Se queda enredado en la almohada y desiste de las pantallas, porque sabe que el hueco no está.

Una hora más y la extrañeza de levantarse idéntico, es lo que le ha traído esta noche. Aunque la luna, tapada con nubes, ni siquiera se ha enterado del vaivén de los párpados.

El pensamiento se ha levantado libre de pastillas, mucho más despejado que el cielo. Ha vuelto, por fin, la lluvia y se acaba el desierto. Se ve que él necesitaba nubes en el cielo que ahuyentaran las de su cabeza.



PROLONGADAS AUSENCIAS

Prolongadas ausencias
se adivinan en los brazos mojados
de las sillas, cansadas
de esperar bajo el agua
la mañana de la resurrección,
el brillo de la vida
que viene con el sol.

Quién sabe qué recuerdos
de café compartido,
de citas clandestinas,
de esperas impacientes,
cuánta vida atrapada
bajo cada pedazo de aluminio,
cuánto tiempo perdido
mientras resuelve el clima,
también, nuestro futuro.

(Javier Bozalongo, Viaje improbable, 2007)

miércoles, 31 de agosto de 2011

Rutinas

La vida se resume en costumbres, en una retahíla de rutinas. Del tiempo que transcurre, pasamos la mayor parte enfrascados en labores repetitivas, periódicas, que hacemos sin recordar cuando aprendimos y sin plantearnos si se puede prescindir de ellas o hacerlas de otro modo.

Te levantas a la misma hora de todos los días, te duchas como todos los días, desayunas lo de siempre, coges el coche o la escoba, vas a las mismas tiendas a comprar las mismas cosas... Saludas a los de siempre, que te reciben como siempre.

Llamas o te llaman los mismos números, tomas alimentos idénticos a los que siempre comes, te echas una siesta repetida o lees la misma novela con títulos diferentes, ves la misma cadena en la tele, los mismos programas...

Escuchas las mismas músicas, los mismos ruidos de la calle. Ves a las mismas personas que ves siempre y te comportas como siempre con ellas. Y así hasta que te acuestas y duermes o no, como siempre.

La vida se resume en costumbres y los hombres nos resumimos en manías. Podría ser menos áspero y, en lugar de manías, decir que son preferencias, gustos, afinidades... Y puede que así comiencen, pero acaban siendo manías que se instalan y a las que es muy difícil expulsar.

Dejas los zapatos en el mismo sitio, eliges no mezclar el tomate con la lechuga, dejas para el final lo que menos te gusta o lo pones al principio.

Te levantas y miras a la ventana. Bajas y miras a la ventana. Comes y miras a la ventana. Fumas y miras a la ventana... Preferencias que se vuelven manías cuando, obviando el hecho de que no verás nada desde la ventana, siempre que subes las escaleras, miras...

Costumbres y manías que estoy intentando cambiar poco a poco, como a mi me gusta que ocurran las cosas, pero que se me resisten y se me quedan pegadas en los relojes y, sobre todo, en los dedos. Costumbres, rutinas, que pierden el sentido y se convierten en obligaciones y manías a las que uno es adicto.

Cuesta mucho esfuerzo este cambiar poco a poco el escenario de una vida que se deshace en rutinas y en adicciones. Demasiado esfuerzo para tan poco éxito en el cambio, para tanta lentitud de los resultados...

Algunos días me levanto con ganas de volverme a acostar. Y, sin embargo, las rutinas atacan, las manías invaden... y hay días que son idénticos a las nubes que se forman en mi cabeza.

Un día de estos, al levantarme, me acostaré.