PROLONGADAS AUSENCIAS
Prolongadas ausencias
se adivinan en los brazos mojados
de las sillas, cansadas
de esperar bajo el agua
la mañana de la resurrección,
el brillo de la vida
que viene con el sol.
Quién sabe qué recuerdos
de café compartido,
de citas clandestinas,
de esperas impacientes,
cuánta vida atrapada
bajo cada pedazo de aluminio,
cuánto tiempo perdido
mientras resuelve el clima,
también, nuestro futuro.
(Javier Bozalongo, Viaje improbable, 2007)
Deambulando por la noche, a las horas en que el universo cabe dentro de mí, he encontrado estas historias que me quitan el sueño, pero me dan la vida.
viernes, 9 de noviembre de 2012
Lluvia, otra vez
domingo, 30 de septiembre de 2012
Fina lluvia
¿Aún la puedes sentir? La fina lluvia anda difuminada en el barro y se ven las huellas de los pasos perdidos que una vez dimos para alcanzar ese sueño en el que, ahora, llueve a cántaros.
domingo, 20 de mayo de 2012
Los tiempos mejores
Del mismo modo que a cada calma
le antecede una tormenta,
sé que vendrán tiempos mejores.
Después de cada lluvia,
vienen días de cielo raso.
Después de cada invierno,
siempre llega alguna primavera.
Yo, que soy de naturaleza esperante,
sigo buscando ese momento perfecto
cuando, más allá del segundo acto,
hasta las hierbas de los cementerios
se llenan de flores y el camino
empieza a ser cuesta abajo.
Pero te recuerdo, aún sabiendo que tú
podrías rociarme con un espejo
que me volviese todo en contra,
que ésta es la lluvia que esperábamos
en mitad de aquel desierto,
que después del laberinto del invierno,
este mayo es el que tanto soñamos.
Vendrán tiempos mejores, se supone.
Pero esta palabra es, ahora,
la que rompe un silencio,
la que anuncia el siguiente;
porque contemplar la lluvia
sólo puede mojarnos la memoria.
LLUVIA
hoy llueve mucho, mucho,
y pareciera que están lavando el mundo
mi vecino de al lado mira la lluvia
y piensa escribir una carta de amor/
una carta a la mujer que vive con él
y le cocina y le lava la ropa y hace el amor con él
y se parece a su sombra/
mi vecino nunca le dice palabras de amor a la
mujer/
entra a la casa por la ventana y no por la puerta/
por una puerta se entra a muchos sitios/
al trabajo, al cuartel, a la cárcel,
a todos los edificios del mundo/ pero no al mundo/
ni a una mujer/ni al alma/
es decir/a ese cajón o nave o lluvia que llamamos así/
como hoy/que llueve mucho/
y me cuesta escribir la palabra amor/
porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa/
y sólo el alma sabe dónde las dos se encuentran/
y cuándo/y cómo/
pero el alma qué puede explicar/
por eso mi vecino tiene tormentas en la boca/
palabras que naufragan/
palabras que no saben que hay sol porque nacen y
mueren la misma noche en que amó/
y dejan cartas en el pensamiento que él nunca
escribirá/
como el silencio que hay entre dos rosas/
o como yo/que escribo palabras para volver
a mi vecino que mira la lluvia/
a la lluvia/
a mi corazón desterrado/
(Juan Gelman, Eso, 1983-84)
sábado, 5 de mayo de 2012
Tarde equivocada
en leer un poema, no muy largo, en el silencio
de una tarde lluviosa.
Todo lo que entiendo se entrecruza
con un algo que se imagina, con un mucho
que se sugiere, con un poco de mí
y una taza de café con leche
que espera mis labios tibios
entre sorbo y sorbo de metáforas ajenas.
Pero yo construyo las mías en cada verso
hilvanando voces, memoria, desencantos
y un mordisquito que doy de tanto en tanto
a una galleta que no es de la suerte.
El poema se acaba. Recuerdo entonces
que algunas noches imagino
el sorbo a sorbo de tus labios
en esta taza de mi boca, hueca y ronca
por todos esos excesos de ausencia
que se me quedan fuera de la página.
Y se me ocurre que eres tú quien me lee
en el poemario de alguna vida
y que todo lo que entiendes se entrecruza
con un algo que me sugieres, con un mucho
que te imaginas y con un poco de este yo
que ahora aprieta el libro y los ojos
como se cierra un poema que te emociona,
como se huele la rosa a primeros de mayo
o como se escuchan tres minutos de lluvia
de una tarde equivocada y llena
de este sin ti que va cayendo gota a gota,
lentamente, sobre los renglones.
La tarde equivocada
se vistió de frío.
Detrás de los cristales
turbios, todos los niños
ven convertirse en pájaros
un árbol amarillo.
La tarde está tendida
a lo largo del río,
y un rubor de manzana
tiembla en los tejadillos.
(Federico García Lorca)
sábado, 14 de abril de 2012
Por cierto, ahora llueve
y no me ha gustado nada
el sabor que me dejó en los labios el silencio
aquel de mi sombra cuando huía
de tus propios pasos.
Sin un recuento de miradas,
sin poder abrazar tus palabras contra mi pecho,
la luz ya no es la misma, se ha hecho
mucho más tenue,
como una algarabía que se oye lejana
por entre esta tarde gris y urbana
que avanza desnuda hacia la noche.
Para que todo cambie,
hace falta cantar un agua que lave
la tez marchita de los desiertos
en los que anduve perdido de tanto perderte,
que desencoja los hombros y los hombres,
que ría burbujas y despliegue
ese olor difuso que mantiene vivas y viscosas
las cosas sin nombre
cuando van resbalando por tus manos
hacia quién sabe dónde,
estrujando el tiempo que nada cambia,
en el que, por cierto, ahora llueve
y a ti ya sabes que siempre
te trajo la lluvia.
COLLAGE
Ligeras cruzan las edades, hay quien las cuenta en días,
y a través de su lluvia y su ceniza
cada vez más difícil resulta el resistirse
al perezoso vivir animal de la costumbre.
No sé por qué los versos que ahora escribo
parecen versos clásicos, y total para decir
que si después de tanto tiempo aún hoy
aprieto tu recuerdo entiendo que
estoy condenado
a naufragar todos los días
con la vejez que da el saber
que aunque me he equivocado en todo
esto es algo que especialmente he hecho
en lo que más quería.
(Santiago Montobbio, Ética confirmada, 1990)
ET LABORA
Guardar memoria de lo que para otra persona
nunca fue recuerdo, creer haber hundido un rostro
y al volver de una mañana darse cuenta
de que sigue inundando nuestro adentro;
aventurarse ingenuo en las piruetas
por fingir que puede desterrarse
la espantosa verdad de los sonidos
u otra vez descubrir, en el envés del tiempo,
que todo lo que pude ser tan sólo era
ser contigo:
estos son
los trabajos del amor, aquel extraño mar
que vivir nos fue haciendo lejanísimo.
(Santiago Montobbio, Ética confirmada, 1990)
miércoles, 4 de abril de 2012
Miedo de abril
INVENTARIO DE URGENCIA PARA SEGUIR ADELANTE
A veces, el pasado fue sólo aquel momento
en el que se confunden
amor y muerte, soledad y dicha.
Y porque entre unos brazos
al menos un instante me he sentido feliz,
procuro compartir este camino
hacia bellos sucesos como aquél
en que la luz fue nuestra.
Por eso me alimenta la esperanza.
Por eso llevo,
tatuada en el ansia de vivir,
como una hermosa referencia,
la cicatriz distinta de su cuerpo.
(Javier Egea, Paseo de los Tristes, 1982)
martes, 3 de abril de 2012
Lejos la lluvia
SONETO LXX
Tal vez herido voy sin ir sangriento
por uno de los rayos de tu vida
y a media selva me detiene el agua:
la lluvia que se cae con su cielo.
Entonces toco el corazón llovido:
allí sé que tus ojos penetraron
por la región extensa de mi duelo
y un susurro de sombra surge solo:
Quién es? Quién es? Pero no tuvo nombre
la hoja o el agua oscura que palpita
a media selva, sorda, en el camino,
y así, amor mío, supe que fui herido
y nadie hablaba allí sino la sombra,
la noche errante, el beso de la lluvia.
(Pablo Neruda, Cien sonetos de amor, 1959)
SE PIANGE, SE RIDI
Te diré que no supe si reír o llorar
después de todo
pero estaba feliz,
demasiado feliz, sospecho ahora.
Recuerdo que me hablaste
de que empezaba a amanecer,
el cielo parecía algodón sucio.
Lo más inolvidable será siempre
el aire fresco y dulce que crecía,
igual que una caricia, entre dos luces.
Yo estaba sola
y tú quisiste ser mi amigo:
que esto no rompa la amistad, dijimos.
Pero fue hermoso más que un sueño,
mucho más inquietante que un puente entre la bruma
y aquel coche sin duda más maravilloso
que un bosque de la Alhambra
y tu corazón más hondo y más extenso
que el manto de la aurora
cuando llorando me asomé al balcón
de tus ojos.
Por eso ahora escuece la distancia
como ella sola y el deseo -cruel-
asoma cada minuto
-con el peligro que eso entraña
para una sencilla amistad-
ahora no puedo menos que aceptar
lo que fue un verdadero error de cálculo:
esta suave tristeza insoportable
con la que no contábamos.
(Ángeles Mora, Cámara subjetiva, 1996)
miércoles, 28 de marzo de 2012
Ciencia púrpura
viernes, 4 de noviembre de 2011
Vendo humo
EL AIRE HUELE A HUMOA Gabriel Celaya y a Amparo Gastón,Que tanto le quiso y le quiere todavía.J.A.G.
¿Qué hará con la memoria
de esta noche tan clara
cuando todo termine?
¿Qué hacer si cae la sed
sabiendo que está lejos
la fuente en que bebía?
¿Qué hará de este deseo
de terminar mil veces
por volver a encontrarle?
¿Qué hacer cuando un mal aire
de tristeza la envuelva
igual que un maleficio?
¿Qué hará bajo el otoño
si el aire huele a humo
y a pólvora y a besos?
¿Qué hacer?¿Qué hará? Preguntas
a un azar que ya tiene
las suertes repartidas.
(José Agustín Goytisolo, 1992)
sábado, 29 de octubre de 2011
Siempre llueve a gusto de los ausentes
todo llueve pasajero, incompleto, extraño.
Detrás de la avidez de los análisis
con que se arma el ejército de los médicos,
hay una inconsciencia latente, un delirio,
un torpe ejercicio de desprecio.
Es una mirada pasajera sobre el precipicio,
hecha de puntillas, esquivando los días venideros
y las noches que aún quedan por desgranarse
de la gran mazorca.
Solo incertidumbres salen de mi boca,
al mismo tiempo que me entran por los ojos,
por las orejas, por las manos.
Dudas pasajeras que siempre vuelven
cuando acaban de irse, que regresan
sin haber llegado al destino.
Me cuentas incertidumbres mientras replico
sórdidas letanías de poca monta,
porque en el fondo también son las mías y les temo,
las llevo ateridas en el corazón de los pasteles
y la pérfida alegría con que me rozas
ya sabes que no sirve contra las sombras que proyecto.
Solo son incertidumbres de pasajero, de trenes
ahítos de vía, solo incertidumbres me dices y te digo.
Y todo, extrañamente, todo luego coincide:
cuando te miro a los ojos intentando entender
cuánto nos amamos al despedirnos, siempre llueve
a gusto de los ausentes.
ESCRÚPULO
Me parece que vivo
que estoy entre los ruidos
que miro las paredes,
que estas manos son mías,
pero quizás me engañe
y paredes y manos
sólo sean recuerdos
de una vida pasada.
He dicho "me parece"
yo no aseguro nada.
(Oliverio Girondo, Calcomanías, 1925
sábado, 16 de julio de 2011
Los hombres del tiempo
LATIDO
A veces me pregunto
si tiene sentido escribirle al silencio.
Como esta noche…
Yo estaba en el mirador.
Siempre estoy en un mirador esperando a que pase.
Me parece abarcar el horizonte con la palma de mi mano,
pero en realidad no toco nada.
Solo rozo este aire que mañana será otro,
aunque intente convencerme de que es el mismo.
La ciudad me desafía y enciende sus miles de luces,
yo enciendo mis sentimientos.
Tú también eres perro viejo y lo sabes.
El consumo del corazón sube cuando asoma la luna,
se contamina la piel
de energía gastada en horas punta.
A la mañana siguiente solo quedan residuos.
Pero nadie me enseñó a reciclar lo que siento.
Soy tonta. Rematadamente tonta.
Me dejo alumbrar por esas luces que palpitan
por mis caricias,
pero laten sin mi vida.
(Alicia Choin, poema inédito, 2011)
sábado, 30 de abril de 2011
Mencionar la lluvia
A veces no sé qué decir, no encuentro las palabras. Sucede que no consigo fijar el pensamiento. Ni siquiera divago en mi interior. Las imágenes suceden a las palabras, las palabras a las imágenes, a tanta velocidad que no consigo articular ninguna de las dos.
Son malos días que vienen, que tienen que venir para darle valor a los buenos. Hago todo sin pensar, como un zombie o, me gusta más la comparación y la palabra, como un alucinado que vive por dentro en otro sitio y en otro tiempo del que le sucede por fuera.
Contesto lo primero que se me ocurre, monosílabos preferentemente, y, si me aprieta el silencio, ese tan incómodo que sucede con testigos que te miran fijamente, como dándote el turno de palabra, me limito a repetir lo último que he oído, como un loro sin pico, sin gracia y sin plumas de colores.
A veces no sé qué decir, pero sé que quiero pasar por aquí y dejar alguna señal. Casi siempre que escribo en el blog, lo hago también para mí. Me gusta dejar colgada una huella, un aviso al futuro, una sensación, una emoción o una pregunta para la que tal vez algún día, al releer estas líneas, encuentre respuesta.
Pero esta noche no sé qué decir. Supongo que lo mejor será que no diga nada. Si acaso, tan sólo mencionar la lluvia.
EN LOS DÍAS DE LLUVIA
A Mari Carmen
Sabrás por la presente que empeoré de vida.
Mariano MarescaMás o menos extraña
la vida fue pasando tibiamente
por tu cuerpo y el mío.Oigo la lluvia fría amontonarse
sobre las uralitas
y la noche me atrapa
en el sudor eterno de su tranquilidad.
Tal vez
debiera despertarte, hacerte compartir
este presentimiento
de lejana belleza
con el que me confundo apenas un instante
para volver a ti
que te abandonas
a la hermosa presencia
de tu respiración.Pasan lentos los coches.
Oigo también
tu corazón lejano
pasar de madrugada entre la lluvia
y me asusta la sombra
de tanta intimidad.Es tarde.
Uno escribe su vida en un poema,
analiza el amor
y se acostumbra
a seguir como está, junto a tu cuerpo
que quizá me recuerde todavía
desnudo entre las sábanas,o las noches de lluvia nos confirman
que la vida, posiblemente hermosa,
no siempre es un asunto disponible
y que a veces resulta incluso mucha,
temible como ahora,
mientras que tengo miedo de besarte al azar.Lo sé. Hemos sido extranjeros
hablándonos por señas demasiado cercanas,
ansiosos en las calles
de una nueva ciudad,
esperando tal vez que nos fotografíen
delante de este amor y de sus cicatrices,
eso que confundimos con nuestros sentimientos
o acaso
-en noches de locura-
con una sensación de humedad en los ojos.Pero en pocas palabras se resumen
casi todos los días,
sus sílabas contadas en mis versos
y la felicidad.
Tibiamente los años
nos descubren
que nada existe ya sin tu sudor y el mío,
que somos todavía demasiado solemnes
cuando nos sorprendemos
temblando de pasión,
llenos de instinto mal disimulado.Por eso, mientras llueve,
agradezco tu cuerpo entre las sábanas
y esta pasión desierta
de acariciar tus muslos,
más o menos extraños
y hermosos como un sueño
que acaba de llegar.(Luís García Montero)
lunes, 9 de agosto de 2010
Ojalá que llueva café en el campo
Tras la ventana, plomizo el cielo, el día se detiene un instante. Bochorno sin sol es el escenario perfecto para que agosto se vuelva hostil y triste.
A estas alturas de mes, ya estará sufriendo San Lorenzo su pena repetida, su castigo interminable y cíclico, y sus lágrimas-cometa a punto de cruzar el universo para conceder deseos.
En una próxima madrugada, cuando lleguen las perseidas y yo las espere a solas con mi insomnio, ya tengo decidido desear con todas mis fuerzas que llueva, que el cielo se desgaste en dejar al verano herido, que el aire huela a esa menta imposible del ozono.
Ojalá que lluevan versos y pueda chapotear risueño en los charcos-poema. Ojalá que lluevan manos para dejarme la piel tersa y mojada. Ojalá que lluevan estados de gracia, presencias definitivas, hermosas palabras teledirigidas y abrazos secretos en pijama.
Ojalá que llueva a mantas la sincronía de los corazones, que todo se empape de esperanza. Ojalá que lluevan tús sobre los solitarios, que lluevan mapas homologados para los perdidos y para los desencontrados. Ojalá que llueva café en el campo y, si es posible, descafeinado para los insomnes o, en su defecto, que llueva colacao.
Por si al final se cumplen mis deseos y todo se moja y nada escapa de esa tormenta desatormentada, voy a tener la precaución de seguir viviendo sin paraguas hasta que me estornude el corazón.
lunes, 25 de enero de 2010
Sigue lloviendo
Pero no ha dejado de llover aunque el sol invada el cielo. Sigue cayendo, la siento todavía volar mansamente, gota a gota, penetrando por todos los resquicios del pensamiento, mojándome lo ya húmedo, impidiendo lo seco.
Miro a través de la ventana y no la veo. Apenas un pequeño resto de palabras, como un reguero que se resiste a huir o que no se atreve a volver. Pero la oigo palpitar en todas partes, cayendo desde no sé qué cielo, tomando formas diversas al contacto con el suelo, andando de puntillas tras de mí.
No ha dejado de llover por más que lo digan los telediarios. Llueve sin agua, llueve sin nubes, llueve siempre. Lleva mucho tiempo lloviéndome en cada silencio, justo antes de cada palabra que pienso y, también, justo después de no decirla.
¡Me gusta tanto la lluvia! Que salga el sol si quieres, que salga si no la luna; pero que no deje de llover, que me caiga todo el agua encima. Ya no quiero estar seco, porque me ahogaría.
ESTARÉ
Estaré dilucidando nubes. Tratando de ponerle a mi corazón la mancha grande del amor. Llevándome en un saco la lluvia junto con mis lágrimas y los poemas que buscaban mi medida, la tuya, y están sentados al borde de la acera esperando que yo los recoja, que pueda sacarle a la vida la gran respuesta, el mensaje, la diferencia entre una vida y otra, entre un cielo y una tierra.
(Gioconda Belli, El ojo de la mujer, 2007)
sábado, 16 de enero de 2010
Casi nunca sale siete
El viento frío y una lluvia inconstante hacían la noche muy desapacible, pero él no tenía más remedio que estar a la intemperie. Adentro no había cobertura y esperaba una llamada importante.
Dos bancos más allá, ella lloraba. Joven, bien vestida, sin maquillar. Bueno, más que llorar, contenía las lágrimas con resoplidos espesos que llenaban de vaho el contraluz de una farola lejana.
Él se acercó, por aburrimiento y porque no demasiado tiempo atrás estuvo sentado en ese mismo banco, conteniendo, quien sabe si las mismas lágrimas.
?¡Pícola bambina! Tu sei infortunatta, ¿certo? ?le dijo al llegar a su altura. Se lo dijo en italiano porque... bueno, tonterías suyas, a veces las mujeres cuentan con mucha alegría que les ?ha entrado? un italiano.
?¿Quée? ?contestó ella, que no estaba para romanticismos ni para aprender idiomas.
?Digo que si estás triste, mozuela.
?Lo que tengo es un resfriado que no me aclaro ?hizo una pausa mientras se daba en la nariz con un pañuelito de papel que arrugaba en la mano que escondía en el bolsillo?. A ver si viene ya el autobús, que me estoy quedando congelada.
?¡Ah, perdona! Entonces nada ?dijo como retirada, como buscando un agujero por donde la tierra se lo tragara.
En ese momento, con un chirrido propio de maquinaria pesada, llegó el autobús a la parada y ella, sin mediar ninguna otra palabra, se subió en él. El vehículo salió a la vía, pero se detuvo en el semáforo rojo que había apenas a tres metros.
Él esperó en vano una mirada de la chica mientras notó que la lluvia se detenía y se echó hacia atrás la capucha. Pero sucedió verde, el autobús se fue alejando y ella no hizo ademán ninguno de mirar otra cosa que su móvil. Y arreció la lluvia.
Sintiéndose ridículo, como un Michael Landon haciendo sonar campanillas para que le devuelvan las alas, se sentó debajo de la marquesina y no pudo más que acordarse de la canción: ?Pero prendió el azar semáforos carmín, detuvo el autobús y el aguacero hasta que me miraste tú?.
Es caprichoso el azar y siempre es el que tira los dados. Pero somos nosotros los que elegimos el número al que apostar. Y casi nunca sale siete.
ESTARÉ
Estaré dilucidando nubes. Tratando de ponerle a mi corazón la mancha grande del amor. Llevándome en un saco la lluvia junto con mis lágrimas y los poemas que buscaban mi medida, la tuya, y están sentados al borde de la acera esperando que yo los recoja, que pueda sacarle a la vida la gran respuesta, el mensaje, la diferencia entre una vida y otra, entre un cielo y una tierra.
(Gioconda Belli, El ojo de la mujer, 2007)