Por si alguien, en algún momento,
ha dudado alguna vez,
que sepa que esto es
lo que me pasa: el tiempo.
Parece estúpido el argumento
pero en él está la clave.
Lo que me pasa es el tiempo,
se me incrusta primero y, más tarde,
se me desconcha y me traspasa.
Y porque el tiempo me pasa
dejando en mí apenas un residuo,
quiero cambiar la acepción,
girar la vida por el centro
y ponerme a ser yo
quien pase el tiempo a mi ritmo,
y dejarle un copioso residuo
a la vida que haya alrededor.
Puede parecer que pierdo
un tiempo precioso, una memoria,
que nada podrá quitarme las pegatinas.
Y, sin embargo, yo soy la vida
cuando decido que sea el tiempo
el que me pierda a mí
entre las sombras.
CUANDO YO AÚN SOY LA VIDA
La vida me rodea, como en aquellos años
ya perdidos, con el mismo esplendor
de un mundo eterno. La rosa cuchillada
de la mar, las derribadas luces
de los huertos, fragor de las palomas
en el aire, la vida en torno a mí,
cuando yo aún soy la vida.
Con el mismo esplendor, y envejecidos ojos,
y un amor fatigado.¿Cuál será la esperanza? Vivir aún;
y amar, mientras se agota el corazón,
un mundo fiel, aunque perecedero.
Amar el sueño roto de la vida
y, aunque no pudo ser, no maldecir
aquel antiguo engaño de lo eterno.
Y el pecho se consuela, porque sabe
que el mundo pudo ser una bella verdad.(Francisco Brines)