DESNUDA
Desnuda eres tan simple como una de tus manos:
lisa, terrestre, mínima, redonda, transparente.
Tienes líneas de luna, caminos de manzana.
Desnuda eres delgada como el trigo desnudo.
Desnuda eres azul como la noche en Cuba:
tienes enredaderas y estrellas en el pelo.
Desnuda eres redonda y amarilla
como el verano en una iglesia de oro.
Desnuda eres pequeña como una de tus uñas:
curva, sutil, rosada hasta que nace el día
y te metes en el subterráneo del mundo
como en un largo túnel de trajes y trabajos:
tu claridad se apaga, se viste, se deshoja
y otra vez vuelve a ser una mano desnuda.
(Pablo Neruda)
Deambulando por la noche, a las horas en que el universo cabe dentro de mí, he encontrado estas historias que me quitan el sueño, pero me dan la vida.
viernes, 5 de octubre de 2012
Mano entera
jueves, 6 de septiembre de 2012
Inflexión
en los que alguna vez estuve,
ahora ya estoy al otro lado.
Los miro despacio, ausente,
desafiando el salto,
acusando el vacío agudo y pequeño,
el vértigo, este remolino
de haber vivido tan solo
aquello que consigo revivir.
Como el niño sacado a punta de reloj
de la tarde de juego en el parque
que ve, durante un instante,
a través de la ventana,
el pulular de otros niños
que siguen jugando como si él
no hubiera estado nunca,
entiendo lánguidamente
que recordar es hacer recuento
de todo lo que se ha perdido sin remisión.
Soy lo que se me ha ido,
la imprecisa retahíla
de eso que recuerdo que fui
-y que es mentira-.
Pero si pudiera tocarlo nuevamente
y quedar impune, y salir indemne,
tal vez, entonces,
este mismo hombre que se lamenta en verso
podría dejar de ser lo que recuerda
y empezar a ser lo que le espera.
CRISTALES EMPAÑADOS
Se fue, no tan despacio que no hubiera
un desajuste tenue en la calima
del asfalto, y su falda
parecía más triste en el andar y hubo
como una duda, o tal vez no, y la acera
se fue estrechando al alejarse y, luego,
pareció, quizás fuera
su delgadez, sus hombros, que no iba,
que volvía a la infancia, y en la calle
apenas cabía el sol y mi mirada
y una música urbana que, tan joven,
surgió de un bar con soledad y miedo.
¿Te veías tú, acaso, dime, como
si te pudieras ver, de espaldas, sola,
pegada a la pared, andando, yéndote?
Me fui. Recuerdo que el vacío
aquél era ya parte
de mí. Porque me estuve yendo
todo el tiempo que, arriba, la buhardilla,
cama deshecha, sábanas con restos
de calor, vasos, deja
ya de fumar, me estuve
dejando ir en no querer ser pasto
de ciudad, y las calles
y el ruido estaba en mí y tus ojos, habla,
¿por qué te vas?, estaban
alrededor de mí; ser pasto
de ventanas cerradas, un quejido
o una sirena a media noche, esquinas
donde comprar la nada, el estallido
de la nada, acompáñame, me estuve
yendo de mí todo aquel tiempo tan hermoso.
Se fue y era de noche
en torno a su cintura y sus vaqueros
gastados. La bufanda, con su historia
ella también, entretejida, daba
una vuelta a la tibia
cadencia de su cuello y la seguía
a través de la lluvia y algún perro
y la insolente luz de los semáforos
poniendo en orden el desierto y, lejos,
la otra oscuridad, la que está hecha
de violencia y portales y mugrientas
escaleras.
Me fui de tanta prisa
por conocer, de tanto estar contigo,
de tanta juventud, frío empañando
los cristales, de tanto amor, la estufa,
libros y discos en desorden, altas
madrugadas del beso, tus preguntas,
café para el cansancio, las paredes,
tu pelo, el desconcierto de estar vivo.
Toda esta vida me sostiene ahora.
Todo este tiempo aquél que es lo que tengo,
lo único que tengo. Tanto irse,
tanto perder, tal desapego,
tanta sinceridad, tan armoniosa
desventura, tan sabio desvarío,
tal desesperación, tanta belleza.
(Rafael Guillén)
martes, 14 de agosto de 2012
El oficio más antiguo del mundo
POR CUATRO POEMAS¿Qué sabrán de nosotros?La noche interminable que ardía como un rito...LUIS GARCIA MONTERO
Porque las mariposas no existen
para ser observadas en los museos,
el error ya está cometido,
dosificado con pronombres y con verbos
del idioma común que tienen los sueños
imposibles e indefinidos.
Pero el error ya está cometido,
los culpables ocupando su propia jaula,
el tiempo tiene preparada su condena
y su veredicto de lágrimas.
Por cuatro poemas que escribo
no podrás decirle a la memoria del futuro
que te he querido,
porque no se inventaron los poemas
para que yo te amara.
O tal vez sí. Quizás me sirva esa mentira
como punto de fuga o de partida
sobre el itinerario recorrido.
Porque diga lo que diga el poeta,
el amor no es el género literario evidente
de los cuatro poemas que escribo,
sino este error tan común y tan corriente,
tan inquietante, tan inexistente,
tan sin cuerpo de delito.
(Francisco Pérez, Por cuatro poemas)
jueves, 26 de abril de 2012
Stand by
viernes, 20 de abril de 2012
Último fotograma
Como en un letargo
de persianas que se entornan pálidamente,
el tiempo de la realidad
se queda mirándome con expresión dura.
Sólo me deja ir sintiendo
esta soledad que me envuelve entre dos sombras
y a la que me voy acostumbrando poco a poco,
como se acostumbran los ojos del actor
a que se apaguen los focos del escenario,
a este hábito de llevarse a casa
un último fotograma de otra tarde también tendida,
cuando las persianas se entornaron dulces
y el tiempo te tapo los ojos.
La tarde muere tendida en el sofá
mientras la noche se prepara para caer,
rendida y solitaria,
filtrándose por entre antiguos fotogramas
de esa película sobre la que tantas veces hemos hablado
desde estas bambalinas de la vida,
que ahora me parece mentira que nunca
la hayamos visto juntos y abrazados.
LA PERSPECTIVA MIENTE
Esta tarde me aburro
como un guardagujas
en una vía muerta, y el verano parece
el inútil sofoco de una dama anticuada.
Por buscarle a este tiempo alguna luz
he pensado en los días de otro agosto
que en la memoria brillan como un faro:
ese agosto en que un niño fue feliz.
O lo imagina al menos este hombre
que es ahora aquel niño,
porque ha comprendido que esa luz
no le llega de entonces, y que es el recuerdo
quien la pone en escena cuando los años pasan.
Mi memoria se esfuerza
por volver a aquel tiempo y serle fiel,
y esa misma película, que hace sólo un segundo
rebosaba de brillo y de color,
ahora pasa en mi mente con la escasa
y temblorosa luz con la que fue rodada:
En un pueblo pequeño, bajo el cielo
inexplicable y alto de los viejos veranos,
unos niños se aburren: ese mundo,
con horarios de vuelta y prohibiciones,
les parece pequeño. Para matar las horas
se esconden de sus padres, fuman, dicen
que fumar a escondidas ya les cansa,
que están hartos del pueblo, de sus padres,
de esperar que la vida, la verdadera vida,
comience.
Sí, en aquellas escenas
todo fue en blanco y negro, y es ahora el recuerdo
—experto en adornar viejas películas—
el que al darles color y darles brillo
me devuelve tan bellas sus imágenes.
La experiencia me enseña que estas tardes de tedio,
cuando olvide sus sombras
atrapado en las sombras de otras tardes
todavía más negras, quedarán registradas
como un tiempo de luz en mi recuerdo,
y sabrán consolarme en las horas oscuras.
Debe haber cierta luz en las tardes de ahora,
la experiencia lo enseña.
Lo que no nos enseña la maldita experiencia
es en dónde se esconde, de qué modo gozarla en el presente,
ni por qué cruel torpeza cualquier tiempo que luego
brillará como un sol en la memoria
tenemos que vivirlo a la luz de una vela.
(Vicente Gallego, La plata de los días, 1966)
sábado, 14 de abril de 2012
Por cierto, ahora llueve
y no me ha gustado nada
el sabor que me dejó en los labios el silencio
aquel de mi sombra cuando huía
de tus propios pasos.
Sin un recuento de miradas,
sin poder abrazar tus palabras contra mi pecho,
la luz ya no es la misma, se ha hecho
mucho más tenue,
como una algarabía que se oye lejana
por entre esta tarde gris y urbana
que avanza desnuda hacia la noche.
Para que todo cambie,
hace falta cantar un agua que lave
la tez marchita de los desiertos
en los que anduve perdido de tanto perderte,
que desencoja los hombros y los hombres,
que ría burbujas y despliegue
ese olor difuso que mantiene vivas y viscosas
las cosas sin nombre
cuando van resbalando por tus manos
hacia quién sabe dónde,
estrujando el tiempo que nada cambia,
en el que, por cierto, ahora llueve
y a ti ya sabes que siempre
te trajo la lluvia.
COLLAGE
Ligeras cruzan las edades, hay quien las cuenta en días,
y a través de su lluvia y su ceniza
cada vez más difícil resulta el resistirse
al perezoso vivir animal de la costumbre.
No sé por qué los versos que ahora escribo
parecen versos clásicos, y total para decir
que si después de tanto tiempo aún hoy
aprieto tu recuerdo entiendo que
estoy condenado
a naufragar todos los días
con la vejez que da el saber
que aunque me he equivocado en todo
esto es algo que especialmente he hecho
en lo que más quería.
(Santiago Montobbio, Ética confirmada, 1990)
ET LABORA
Guardar memoria de lo que para otra persona
nunca fue recuerdo, creer haber hundido un rostro
y al volver de una mañana darse cuenta
de que sigue inundando nuestro adentro;
aventurarse ingenuo en las piruetas
por fingir que puede desterrarse
la espantosa verdad de los sonidos
u otra vez descubrir, en el envés del tiempo,
que todo lo que pude ser tan sólo era
ser contigo:
estos son
los trabajos del amor, aquel extraño mar
que vivir nos fue haciendo lejanísimo.
(Santiago Montobbio, Ética confirmada, 1990)
miércoles, 11 de abril de 2012
Acierto
UNA HISTORIA
Ella le conoció
mientras tocaba al piano
una pieza olvidada.
Se miraron de lejos
y empezaron a hablar
sobre el vaivén del tiempo.
Ambos iban en busca
de alguna libertad:
ella ansiaba hace mucho
complementarse en él
y él deseaba con ella
fundirse solo en uno.
Rieron como locos
y así fue como amaron:
con la misma locura
con que se han olvidado.
(Javier Bozalongo, Líquida Nostalgia, 2001)
martes, 10 de abril de 2012
Me preguntaste
RECUERDA
Hermosa vida que pasó y parece
ya no pasar...Desde este instante, ahondo
sueños en la memoria: se estremece
la eternidad del tiempo allá en el fondo.
Y de repente un remolino crece
que me arrastra sorbido hacia un trasfondo
de sima, donde va, precipitado,
para siempre sumiéndose el pasado.
(Jaime Gil de Biedma, Volver, 2000)
lunes, 24 de octubre de 2011
Mis edades ocultas
domingo, 25 de septiembre de 2011
Voyeur
que descanse un momento en su nieve,
que me arme de valor de nuevo.
Déjame cortarme con su acero,
traspasar el horizonte de su brillo,
empaparme con su humedad.
No quiero asustarte, tan sólo
atrapar el instante, sobrevivir
al silencio incesante de las palabras,
intentar un malabarismo y mirarte
como si no nos conociéramos de nada.
Quiero saber cómo estoy, déjame
mirarte a los ojos, cuenta hasta tres,
parpadea vigorosamente para ahuyentarme
las mentiras, apriétalos como cuando duele
y entórnalos despues en una playa,
suavemente, méceme entre las olas,
rescátame de los naufragios,
mírame.
Y déjame mirarte aquellos primeros ojos,
los últimos, los que nunca he visto,
los que tienen sed, los risueños.
No te haré perder mucho tiempo, descuida,
una noche, una semana, un abril,
una vida será suficiente,
aprendo rápido.
MAYODéjame mirarte a los ojos.
Quiero saber cómo estás.
Rainer W. Fassbinder
Mira, ha entrado mayo,
Ha extendido su párpado azul sobre el puerto.
Ven, hace tiempo que no sé de ti,
Se te ve tembloroso, como esos gatitos que ahogamos siendo niños.
Ven, y hablaremos de las cosas de siempre,
Del valor que tiene ser amable,
De la necesidad de arreglárselas con las dudas,
De cómo llenar los huecos que tenemos dentro.
Ven, siente en tu rostro la mañana,
Cuando estamos tristes, todo nos parece oscuro;
Cuando estamos fuertes, el mundo se desmigaja.
Cada uno de nosotros guarda algo desconocido de las vidas ajenas,
Sea un secreto, un error o un gesto.
Ven y pondremos verdes a los vencedores,
Saltaremos desde el puente riéndonos de nosotros mismos.
Contemplaremos en silencio las grúas del puerto,
Porque estar juntos en silencio es
La mejor prueba de la amistad.
Vente conmigo, quiero cambiar de país,
Dejar este cuerpo mío a un lado
Y meterme contigo en una concha,
Con nuestra pequeñez, como los bígaros.
Ven, te espero,
Continuaremos la historia interrumpida hace un año,
Como si no tuvieran un círculo más
los abedules blancos de la rivera.
(Kirmen Uribe)
sábado, 18 de septiembre de 2010
Lo que me pasa
Por si alguien, en algún momento,
ha dudado alguna vez,
que sepa que esto es
lo que me pasa: el tiempo.
Parece estúpido el argumento
pero en él está la clave.
Lo que me pasa es el tiempo,
se me incrusta primero y, más tarde,
se me desconcha y me traspasa.
Y porque el tiempo me pasa
dejando en mí apenas un residuo,
quiero cambiar la acepción,
girar la vida por el centro
y ponerme a ser yo
quien pase el tiempo a mi ritmo,
y dejarle un copioso residuo
a la vida que haya alrededor.
Puede parecer que pierdo
un tiempo precioso, una memoria,
que nada podrá quitarme las pegatinas.
Y, sin embargo, yo soy la vida
cuando decido que sea el tiempo
el que me pierda a mí
entre las sombras.
CUANDO YO AÚN SOY LA VIDA
La vida me rodea, como en aquellos años
ya perdidos, con el mismo esplendor
de un mundo eterno. La rosa cuchillada
de la mar, las derribadas luces
de los huertos, fragor de las palomas
en el aire, la vida en torno a mí,
cuando yo aún soy la vida.
Con el mismo esplendor, y envejecidos ojos,
y un amor fatigado.¿Cuál será la esperanza? Vivir aún;
y amar, mientras se agota el corazón,
un mundo fiel, aunque perecedero.
Amar el sueño roto de la vida
y, aunque no pudo ser, no maldecir
aquel antiguo engaño de lo eterno.
Y el pecho se consuela, porque sabe
que el mundo pudo ser una bella verdad.(Francisco Brines)