viernes, 7 de mayo de 2010

Horas

Algunos días duran veinte minutos
y tienen ojeras y el gesto breve
de la impaciencia en los atascos
y folios en las manos
y las piernas encogidas.


Algunos días
hay que respirar el aire
que otros nos dejan al paso
y seguir los pasos que otros
dejan en el aire mientras los relojes
pasean despacio
por los vericuetos de las pesadillas
y llega la noche
que no acaba con el cansancio.


Algunos días duran veinte minutos
que se estiran hasta treinta y después
alcanzan una hora. Esos días ni siquiera
salen en los telediarios. Esos días duran
un gemido, tres estrépitos, dos palabras.


Sin embargo, hay horas
que duran muchos días, que vuelven
a ocurrir continuamente,
que las llevamos puestas por debajo de la camisa
y en el filo de los ojos
y en la punta de los dedos.


Hay horas
que duran muchos días
y te entornan los ojos si te descuidas
y no se puede
reprimir la sonrisa y se anda a cuatro patas
por los bordes del calendario
en donde la memoria desnuda patina.
Hay horas que duran días y deshacen
la resistencia de la memoria.


Hay horas que me duran tanto
?pero tan poco?
que no me caben en un poema.
Y es una pena no tener a mano
más palabras que éstas para seguir
con los dedos contenidos
mientras espero que me suceda
contigo
otra hora de esas.




2 comentarios:

flor_deloto dijo...

Y hay instantes que duran toda una vida.

Morfeo, Morfeo, donde estas que no te veo?

[ zzzz, mua, zzz ]

Una dijo...

las horas se hacen mucho más largas si no te leo (que cursi,no?)

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