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lunes, 22 de octubre de 2012

Después

Sin dar tiempo para todo, les dio tiempo para mucho. Entre otras cosas para hablar, por fin, sin testigos ni metáforas. Quizás, por una vez, no dejaron nada a medias, si bien hubo cosas que no quisieron empezar.

Y en la paz de la tarde, cuando al cabo de tanto tiempo la risa empezó a salirle de dentro, se produjo la conversación:

-Ni siquiera creo que pueda llorarte entonces... Oye... ¿Tú no has pensado nunca en el después?

-Sí, claro que sí. Pero me parece que yo pienso en otro después.

-Lo que pasa es que eres muy optimista.

Y es verdad que él era optimista, pero no pensaba en otro después por eso. Sino porque si ni siquiera puede soñar con lo que quiere, entonces, piensa que para qué demonios lo quiere. Y porque, soñar con la felicidad, eso, precisamente eso, es la felicidad.

"Pero, ¿y si tu después no sucede?", parece preguntarle. Y él parece responder: "Pues si no sucede, ENTONCES, lloraré".

Cada después tiene un entonces y cada entonces -sí, por alegre o triste que sea-, cada entonces también tendrá su después.

Y me asombro cuando me despeño en la cuenta de que a este ahora, al que alguna vez llamé "entonces", ya le está haciendo cosquillas un después.


Después

Y ahora se inicia
la pequeña vida
del sobreviviente de la catástrofe del amor:

Hola, perros pequeños,
hola, vagabundos,
hola, autobuses y transeúntes.

Soy una niña de pecho
acabo de nacer
del terrible parto del amor.

Ya no amo.

Ahora puedo ejercer en el mundo
inscribirme en él
soy una pieza más del engranaje.

Ya no estoy loca.

(Cristina Peri Rossi, Otra vez eros, 1994)



Distancia justa

En el amor, y en el boxeo
todo es cuestión de distancia
Si te acercas demasiado me excito
me asusto
me obnubilo            digo tonterías
me echo a temblar
pero si estás lejos
sufro entristezco
me desvelo
y escribo poemas.

(Cristina Peri Rossi, Otra vez eros, 1994)

viernes, 10 de febrero de 2012

Cuando digo ahora

Ya es pasado. El presente se esfuma hacia delante, a una décima de segundo. Extiendo las manos para tocarlo y se escabulle entre la maraña de células que lo protegen del tacto.

Cuando escucho tu voz, ya hace tiempo que me hablaste. Cuando noto tu dedo recorriendo mis labios, ya andan tus manos en otro trayecto. Cuando el ruido de la puerta viene seguido de un golpe de frío glaciar, entiendo entonces que te fuiste mucho antes de llegar a ningún sitio.

El momento en que descubrimos que el sentimiento aparece, siempre es un recuerdo. Por eso nos sorprende la vida en cada instante y se encapricha el azar, porque van por delante, tan cerca y tan lejos que nunca los alcanzamos.

Nos engaña el cerebro y nosotros nos dejamos engañar como criaturas fugaces, tan fugaces como el presente que se filtra tapando la realidad. Palpamos el humo creyendo que es carne, que es agua, que es calor… pero todo es pasado, todo es falso, todo es camuflaje sutil y neuroquímica del azar.

Cuando digo ahora, ya es pasado. Sin que siquiera se consuma el tiempo de parpadear ni el de rellenar los huecos en negro que suceden en la retina con el fotograma siguiente. Se estira el presente, como un horizonte cruel, que avanza delante, a nuestro paso, pero una décima de segundo más allá.

Y aunque en este presente sé que sólo beso tu niebla, tus labios de ayer permanecen en mí tan dulces, tan sólidos, tan reales… Se parecen tanto a un ahora, que consiento libremente en dejarme engañar por la memoria.

¡Qué impenetrable membrana! ¡Qué inalcanzable frontera! ¡Y qué desconsuelo pensar que, tras este invierno crudo para el corazón y para la cabeza, a una décima de ti, a una décima de mí, nos está acechando a destiempo, quizás, la primavera!



HOY

Cada noche me asomo
a tus labios
como si fuera ayer.
Cada día a tu lado
promesa es de mañana.
Hoy es siempre
todavía.

(Ángeles Mora, Contradicciones, pájaros, 2000)

sábado, 3 de septiembre de 2011

La última vez

Ahora que todo es carne,
que el calor enciende el silencio,
ahora que tu cadera coincide
con todos los límites que diviso,

ahora que tus labios se hacen domésticos
y tu rostro desaparece de un mundo
para quedarse grabado en el otro,
ahora que todo es aroma,

que no hay afuera nada que no esté dentro,
ahora que sé para qué contengo en la memoria
la respiración que antecede a los besos,
ahora, precisamente ahora,

justo ahora que he descubierto en tus brazos
el sinsentido del tiempo,
ahora que cierro los ojos para abandonarme
al tumulto que noto en la sangre

sobre el perímetro de este sueño,
ahora que los ahoras se detienen,
ahora, por fin, es ahora,
el único ahora que no entiendo

por qué es pasado siempre.



POR SEPTIEMBRE...

Por septiembre
se te llenan de sótanos los labios
y es relativo el cielo
después de haberte visto preguntarle a la vida.
Pero también el cielo,
arrugado y preciso
como tu cazadora adolescente,
quiere estar entreabierto,
brillar recién amado,
descansando en la hierba
el peso de su larga cabellera de nubes.

Por septiembre
se te llenan de humo los síes en la boca.

(Luís García Montero, Diario cómplice, 1987)