Algún día encontraré una palabra...
Algún día encontraré una palabra
que penetre en tu vientre y lo fecunde,
que se pare en tu seno
como una mano abierta y cerrada al mismo tiempo.
Hallaré una palabra
que detenga tu cuerpo y lo dé vuelta,
que contenga tu cuerpo
y abra tus ojos como un dios sin nubes
y te use tu saliva
y te doble las piernas.
Tú tal vez no la escuches
o tal vez no la comprendas.
No será necesario.
Irá por tu interior como una rueda
recorriéndote al fin de punta a punta,
mujer mía y no mía
y no se detendrá ni cuando mueras.
(Roberto Juarroz)
Deambulando por la noche, a las horas en que el universo cabe dentro de mí, he encontrado estas historias que me quitan el sueño, pero me dan la vida.
martes, 9 de octubre de 2012
La vida secreta de las palabras
sábado, 25 de agosto de 2012
Cinco silencios (I)
domingo, 20 de mayo de 2012
Los tiempos mejores
Del mismo modo que a cada calma
le antecede una tormenta,
sé que vendrán tiempos mejores.
Después de cada lluvia,
vienen días de cielo raso.
Después de cada invierno,
siempre llega alguna primavera.
Yo, que soy de naturaleza esperante,
sigo buscando ese momento perfecto
cuando, más allá del segundo acto,
hasta las hierbas de los cementerios
se llenan de flores y el camino
empieza a ser cuesta abajo.
Pero te recuerdo, aún sabiendo que tú
podrías rociarme con un espejo
que me volviese todo en contra,
que ésta es la lluvia que esperábamos
en mitad de aquel desierto,
que después del laberinto del invierno,
este mayo es el que tanto soñamos.
Vendrán tiempos mejores, se supone.
Pero esta palabra es, ahora,
la que rompe un silencio,
la que anuncia el siguiente;
porque contemplar la lluvia
sólo puede mojarnos la memoria.
LLUVIA
hoy llueve mucho, mucho,
y pareciera que están lavando el mundo
mi vecino de al lado mira la lluvia
y piensa escribir una carta de amor/
una carta a la mujer que vive con él
y le cocina y le lava la ropa y hace el amor con él
y se parece a su sombra/
mi vecino nunca le dice palabras de amor a la
mujer/
entra a la casa por la ventana y no por la puerta/
por una puerta se entra a muchos sitios/
al trabajo, al cuartel, a la cárcel,
a todos los edificios del mundo/ pero no al mundo/
ni a una mujer/ni al alma/
es decir/a ese cajón o nave o lluvia que llamamos así/
como hoy/que llueve mucho/
y me cuesta escribir la palabra amor/
porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa/
y sólo el alma sabe dónde las dos se encuentran/
y cuándo/y cómo/
pero el alma qué puede explicar/
por eso mi vecino tiene tormentas en la boca/
palabras que naufragan/
palabras que no saben que hay sol porque nacen y
mueren la misma noche en que amó/
y dejan cartas en el pensamiento que él nunca
escribirá/
como el silencio que hay entre dos rosas/
o como yo/que escribo palabras para volver
a mi vecino que mira la lluvia/
a la lluvia/
a mi corazón desterrado/
(Juan Gelman, Eso, 1983-84)
viernes, 2 de diciembre de 2011
Perdónenme las palabras
PIDO SILENCIO
Ahora me dejen tranquilo.
Ahora se acostumbren sin mí.
Yo voy a cerrar los ojos.
Y sólo quiero cinco cosas,
cinco raíces preferidas.
Una es el amor sin fin.
Lo segundo es ver el otoño.
No puedo ser sin que las hojas
vuelen y vuelvan a la tierra.
Lo tercero es el grave invierno,
la lluvia que amé, la caricia
del fuego en el frío silvestre.
En cuarto lugar el verano
redondo como una sandía.
La quinta cosa son tus ojos,
Matilde mía, bienamada,
no quiero dormir sin tus ojos,
no quiero ser sin que me mires:
yo cambio la primavera
por que tú me sigas mirando.
Amigos, eso es cuanto quiero.
Es casi nada y casi todo.
Ahora si quieren se vayan.
He vivido tanto que un día
tendrán que olvidarme por fuerza,
borrándome de la pizarra:
mi corazón fue interminable.
Pero porque pido silencio
no crean que voy a morirme:
me pasa todo lo contrario:
sucede que voy a vivirme.
Sucede que soy y que sigo.
No será, pues, sino que adentro
de mi crecerán cereales,
primero los granos que rompen
la tierra para ver la luz,
pero la madre tierra es oscura:
y dentro de mí soy oscuro:
soy como un pozo en cuyas aguas
la noche deja sus estrellas
y sigue sola por el campo.
Se trata de que tanto he vivido que
quiero vivir otro tanto.
Nunca me sentí tan sonoro,
nunca he tenido tantos besos.
Ahora, como siempre, es temprano.
Vuela la luz con sus abejas.
Déjenme solo con el día.
Pido permiso para nacer.
(Pablo Neruda, Estravagario, 1957-58)
martes, 4 de octubre de 2011
Me persiguen los silencios
revueltas por el frío o por la distancia,
un día sin miedo,
y yo quise pintarlo de antiguo,
de cuando buscaba rosas en mayo.
La mañana se hizo suspiro
sobre las rayas horizontales de la camisa,
alrededor de la espiral de los volantes,
mientras se apartaban las montañas dejando paso.
Pero al llegar me persiguen los silencios, todos
los silencios propios y los ajenos me persiguen.
Todas las paradas, los semáforos, los atascos
me atenazan la saliva, el corazón me palpita
como una bomba, todas las manos
se me llenan de bolsillos y me persiguen
todos los humos del silencio, todas las esquinas
que guardan algún secreto.
Es verdad que mi corazón silencioso
es un verso roto e incontable,
un corazón que nunca rima,
que hace grumos inútiles
cuando se revuelve y salpica el pasado.
Es verdad que todos mis pasos penden del hilo
de una carcajada que flota en el aire,
que respiro sin estilo, que mis secretos
son bromas ya muy conocidas,
que la luz en donde veo destellos
no me impide equivocarme
ni que me duelan contra el suelo las rodillas.
Pero también es cierto que las hojas secas
pueden llegar a todos los caminos
y venir de todas partes,
así que resoplemos fuerte,
tropecemos erguidos, mantengamos en equilibrio
las heridas y el cansancio,
y desarruguemos la frente.
Nadie está a salvo, no es bueno confiarse,
porque desde cualquier vida que uno cuente
¡es tan sencillo despeñarse!
domingo, 25 de septiembre de 2011
Voyeur
que descanse un momento en su nieve,
que me arme de valor de nuevo.
Déjame cortarme con su acero,
traspasar el horizonte de su brillo,
empaparme con su humedad.
No quiero asustarte, tan sólo
atrapar el instante, sobrevivir
al silencio incesante de las palabras,
intentar un malabarismo y mirarte
como si no nos conociéramos de nada.
Quiero saber cómo estoy, déjame
mirarte a los ojos, cuenta hasta tres,
parpadea vigorosamente para ahuyentarme
las mentiras, apriétalos como cuando duele
y entórnalos despues en una playa,
suavemente, méceme entre las olas,
rescátame de los naufragios,
mírame.
Y déjame mirarte aquellos primeros ojos,
los últimos, los que nunca he visto,
los que tienen sed, los risueños.
No te haré perder mucho tiempo, descuida,
una noche, una semana, un abril,
una vida será suficiente,
aprendo rápido.
MAYODéjame mirarte a los ojos.
Quiero saber cómo estás.
Rainer W. Fassbinder
Mira, ha entrado mayo,
Ha extendido su párpado azul sobre el puerto.
Ven, hace tiempo que no sé de ti,
Se te ve tembloroso, como esos gatitos que ahogamos siendo niños.
Ven, y hablaremos de las cosas de siempre,
Del valor que tiene ser amable,
De la necesidad de arreglárselas con las dudas,
De cómo llenar los huecos que tenemos dentro.
Ven, siente en tu rostro la mañana,
Cuando estamos tristes, todo nos parece oscuro;
Cuando estamos fuertes, el mundo se desmigaja.
Cada uno de nosotros guarda algo desconocido de las vidas ajenas,
Sea un secreto, un error o un gesto.
Ven y pondremos verdes a los vencedores,
Saltaremos desde el puente riéndonos de nosotros mismos.
Contemplaremos en silencio las grúas del puerto,
Porque estar juntos en silencio es
La mejor prueba de la amistad.
Vente conmigo, quiero cambiar de país,
Dejar este cuerpo mío a un lado
Y meterme contigo en una concha,
Con nuestra pequeñez, como los bígaros.
Ven, te espero,
Continuaremos la historia interrumpida hace un año,
Como si no tuvieran un círculo más
los abedules blancos de la rivera.
(Kirmen Uribe)
viernes, 23 de septiembre de 2011
Incomunicación
la puerta de una noche, desorbitar un recuerdo
hasta que deje de dolerme y encerrar entre adjetivos
el tumultuoso goteo de un instante de lágrimas,
nadie me cree.
Entonces piensan, bah, poetas, mentidores,
engañantes juguetones que siempre hablan a medias,
que dicen nocturnamente no sé qué cosas
que parecen bellas hasta que el día siguiente amanece
y la vida las aplasta en su oquedad.
Nadie me cree triste porque me río en asonante,
porque parece que en los poemas
cualquier cosa cabe, porque los versos se tronchan
en metáforas que no provocan incendios,
ni pagan alquileres, ni te lavan la ropa.
Si escribiese aquí, qué sé yo, que te quiero,
no me creerías, no me crees, no te llega,
no impide que rueden tus lágrimas
una a una, no calma al perro que te muerde
en las noches de cristal, no libera el placer
olvidado en el otro lado de la cama.
Porque parece que en los poemas cabe
cualquier cosa que no pese,
nadie me cree, nadie,
como yo tampoco tendría que creer
a nadie que me lea, a nadie a quien no le pese
cualquier cosa de esas que todos tienen,
miedo, amor, soledad, cansancio,
y que nadie cree que me quepan a mí.
13
Los hay que mueren de silencio
de tragarse demasiadas palabras y del cólico fenomenal que sigue
y los hay que mueren por hablar demasiado
pues las paredes —al contrario que las tapias, que están sordas— oyen.
Los hay que mueren de cansancio
de todo lo que hay que cambiar para que nada cambie
y hay quien muere de aburrimiento
en esta feria universal donde continuamente ocurren cosas
y nunca pasa nada.
Hay quienes mueren de miedo
ante la mera sospecha de que podrían darse de bruces
con la verdad de sus actos
y hay a quienes les da tanto coraje
que alguien pudiera sospechar que hay una verdad tras sus actos
que sencillamente se mueren.
Los hay que no mueren nunca
porque ya están muertos.
(Jorge Riechmann, 27 maneras de responder a un golpe, 1993)
sábado, 3 de septiembre de 2011
La última vez
que el calor enciende el silencio,
ahora que tu cadera coincide
con todos los límites que diviso,
ahora que tus labios se hacen domésticos
y tu rostro desaparece de un mundo
para quedarse grabado en el otro,
ahora que todo es aroma,
que no hay afuera nada que no esté dentro,
ahora que sé para qué contengo en la memoria
la respiración que antecede a los besos,
ahora, precisamente ahora,
justo ahora que he descubierto en tus brazos
el sinsentido del tiempo,
ahora que cierro los ojos para abandonarme
al tumulto que noto en la sangre
sobre el perímetro de este sueño,
ahora que los ahoras se detienen,
ahora, por fin, es ahora,
el único ahora que no entiendo
por qué es pasado siempre.
POR SEPTIEMBRE...
Por septiembre
se te llenan de sótanos los labios
y es relativo el cielo
después de haberte visto preguntarle a la vida.
Pero también el cielo,
arrugado y preciso
como tu cazadora adolescente,
quiere estar entreabierto,
brillar recién amado,
descansando en la hierba
el peso de su larga cabellera de nubes.
Por septiembre
se te llenan de humo los síes en la boca.
(Luís García Montero, Diario cómplice, 1987)
jueves, 1 de septiembre de 2011
Soliloquio
domingo, 21 de agosto de 2011
El silencio
sábado, 6 de agosto de 2011
La impertinencia de las hojas secas
viernes, 29 de julio de 2011
Monasterio
por la piedra tallada,
por el silencio de las columnas
hechas garganta.
Supe de la soledad
por las ranuras, por el eco
del órgano, por el viento
atrapado en las laderas.
Después supe del escalofrío,
del desencanto hecho explanada,
del miedo elevado a castillo.
El mismo montón de piedras
puede ser monasterio, muralla,
refugio para peregrinos,
ruinas abandonadas.
¿Qué es lo que convierte
una retahíla de besos
en esperanza que aliente el deseo
o en derribos asolados
por la intemperie?
Quiero que sepas del grito
por estos renglones tallados,
por el silencio de este poema
hecho garganta.
sábado, 30 de abril de 2011
Mencionar la lluvia
A veces no sé qué decir, no encuentro las palabras. Sucede que no consigo fijar el pensamiento. Ni siquiera divago en mi interior. Las imágenes suceden a las palabras, las palabras a las imágenes, a tanta velocidad que no consigo articular ninguna de las dos.
Son malos días que vienen, que tienen que venir para darle valor a los buenos. Hago todo sin pensar, como un zombie o, me gusta más la comparación y la palabra, como un alucinado que vive por dentro en otro sitio y en otro tiempo del que le sucede por fuera.
Contesto lo primero que se me ocurre, monosílabos preferentemente, y, si me aprieta el silencio, ese tan incómodo que sucede con testigos que te miran fijamente, como dándote el turno de palabra, me limito a repetir lo último que he oído, como un loro sin pico, sin gracia y sin plumas de colores.
A veces no sé qué decir, pero sé que quiero pasar por aquí y dejar alguna señal. Casi siempre que escribo en el blog, lo hago también para mí. Me gusta dejar colgada una huella, un aviso al futuro, una sensación, una emoción o una pregunta para la que tal vez algún día, al releer estas líneas, encuentre respuesta.
Pero esta noche no sé qué decir. Supongo que lo mejor será que no diga nada. Si acaso, tan sólo mencionar la lluvia.
EN LOS DÍAS DE LLUVIA
A Mari Carmen
Sabrás por la presente que empeoré de vida.
Mariano MarescaMás o menos extraña
la vida fue pasando tibiamente
por tu cuerpo y el mío.Oigo la lluvia fría amontonarse
sobre las uralitas
y la noche me atrapa
en el sudor eterno de su tranquilidad.
Tal vez
debiera despertarte, hacerte compartir
este presentimiento
de lejana belleza
con el que me confundo apenas un instante
para volver a ti
que te abandonas
a la hermosa presencia
de tu respiración.Pasan lentos los coches.
Oigo también
tu corazón lejano
pasar de madrugada entre la lluvia
y me asusta la sombra
de tanta intimidad.Es tarde.
Uno escribe su vida en un poema,
analiza el amor
y se acostumbra
a seguir como está, junto a tu cuerpo
que quizá me recuerde todavía
desnudo entre las sábanas,o las noches de lluvia nos confirman
que la vida, posiblemente hermosa,
no siempre es un asunto disponible
y que a veces resulta incluso mucha,
temible como ahora,
mientras que tengo miedo de besarte al azar.Lo sé. Hemos sido extranjeros
hablándonos por señas demasiado cercanas,
ansiosos en las calles
de una nueva ciudad,
esperando tal vez que nos fotografíen
delante de este amor y de sus cicatrices,
eso que confundimos con nuestros sentimientos
o acaso
-en noches de locura-
con una sensación de humedad en los ojos.Pero en pocas palabras se resumen
casi todos los días,
sus sílabas contadas en mis versos
y la felicidad.
Tibiamente los años
nos descubren
que nada existe ya sin tu sudor y el mío,
que somos todavía demasiado solemnes
cuando nos sorprendemos
temblando de pasión,
llenos de instinto mal disimulado.Por eso, mientras llueve,
agradezco tu cuerpo entre las sábanas
y esta pasión desierta
de acariciar tus muslos,
más o menos extraños
y hermosos como un sueño
que acaba de llegar.(Luís García Montero)