Mostrando entradas con la etiqueta primavera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta primavera. Mostrar todas las entradas

domingo, 27 de mayo de 2012

Cerezo

Sólo es un árbol quieto,
como todos los árboles. Cada año
lo circunda un nuevo anillo;
cada primavera, sus flores blancas
se despeñan hasta el suelo
en un último acto repetido
de belleza y brevedad.

Ancla sobre la tierra
no puede moverse con nosotros
que vamos viajando sin rumbo,
de sombra en sombra,
saltando de camino en camino,
intentando no llegar
a ningún sitio, esperando
que los puntos de partida
nos permitan regresar.

Movernos como un árbol,
estremecerse al viento,
quedarnos quietos y que alrededor
suceda el mundo.
Extraño viaje éste de amar a destiempo,
extraño destiempo el de nunca irse,
extraño irse sin haber llegado nunca.

Pero ahora... ¿qué hacer?
Si sólo es un árbol quieto habrá
que comerse las cerezas que le queden,
degustarlas de una en una,
añorar sus pétalos aquellos de nieve
y encender, cuando se seque,
con sus ramas melancólicas,
otro fuego que caliente
un invierno que nos espera.

Entretanto habrá
que dejarlo quieto, dormido,
como todos los árboles del invierno,
hasta la siguiente primavera,
cuando volvamos a pasar por aquí
yendo hacia ningún sitio.

viernes, 25 de mayo de 2012

La suerte de esperar

Ha sido duro el invierno. El jardín apenas resistió los hielos, la falta de agua, el calor inesperado. La planta se había secado.

Quizás debí tomar medidas, protegerla de la intemperie, arroparla en las noches de frío siberiano y estar más atento a su riego. Siempre me pasa lo mismo, me dedico a lamentar lo que no hice y a buscar un motivo para la desidia.

Suelo encontrarlo. Porque quiero creer que todo tiene su tiempo, sus recursos, su propia manera de afrontar el azar de la meteorología. Porque cuando me precipito, todo sale al revés. Porque no sé todo lo que aparento saber, lo que los demás me hacen creer que sé. Porque aquello que no sobrevive al invierno, no merece disfrutar de la primavera.

Así que pensé cortarla de raíz. Pero... ¿qué poner en su lugar? Bueno, mientras lo pensaba, decidí esperar, dejarlo todo como estaba.

Largo tiempo el de la espera sin esperanza, el de retrasar la desesperación. Pero... ¿qué poner en su lugar? Tanto tiempo conmigo, tanto tiempo conmigo que ahora ¿cómo sustituirla? Las mismas dudas que mueven el mundo, también lo paran.

Y resignado a decidir, quise ver la planta por última vez, casi como despedida, cuando advertí por entre los claroscuros de la tarde, un cierto color verde en sus ramas. ¿Verde? Sí, estaba brotando por lugares señalados de su tronco seco.

Entonces me acordé de eso que me dijiste, no sé si con envidia, unas tardes después de los truenos: "Te sale bien esperar. Se ve que tienes suerte". Aunque no dijiste nada de lo que me cuesta.

Puedo ser un hombre con suerte, con la suerte de esperar, quizás tengas razón. Pero -porque el ser humano es incomprensible e incoherente-, quizás, precisamente a mí, que tengo la suerte de esperar, es a quien más le gustaría saborear la otra suerte, la de tener todo, eso que espero tanto, ya.

O, tal vez, la mala suerte de dejarlo todo intacto.



KEEPING THINGS WHOLE

In a field
I am the absence
of field.
This is
always the case.
Wherever I am
I am what is missing.

When I walk
I part the air
and always
the air moves in
to fill the spaces
where my body’s been.

We all have reasons
for moving.
I move
to keep things whole.

(Mark Strand, Selected poems, 1979)

domingo, 20 de mayo de 2012

Los tiempos mejores

Vendrán tiempos mejores.
Del mismo modo que a cada calma
le antecede una tormenta,
sé que vendrán tiempos mejores.

Después de cada lluvia,
vienen días de cielo raso.
Después de cada invierno,
siempre llega alguna primavera.

Yo, que soy de naturaleza esperante,
sigo buscando ese momento perfecto
cuando, más allá del segundo acto,
hasta las hierbas de los cementerios
se llenan de flores y el camino
empieza a ser cuesta abajo.

Pero te recuerdo, aún sabiendo que tú
podrías rociarme con un espejo
que me volviese todo en contra,
que ésta es la lluvia que esperábamos
en mitad de aquel desierto,
que después del laberinto del invierno,
este mayo es el que tanto soñamos.

Vendrán tiempos mejores, se supone.
Pero esta palabra es, ahora,
la que rompe un silencio,
la que anuncia el siguiente;
porque contemplar la lluvia
sólo puede mojarnos la memoria.




LLUVIA

hoy llueve mucho, mucho,
y pareciera que están lavando el mundo
mi vecino de al lado mira la lluvia
y piensa escribir una carta de amor/
una carta a la mujer que vive con él
y le cocina y le lava la ropa y hace el amor con él
y se parece a su sombra/
mi vecino nunca le dice palabras de amor a la
mujer/
entra a la casa por la ventana y no por la puerta/
por una puerta se entra a muchos sitios/
al trabajo, al cuartel, a la cárcel,
a todos los edificios del mundo/ pero no al mundo/
ni a una mujer/ni al alma/
es decir/a ese cajón o nave o lluvia que llamamos así/
como hoy/que llueve mucho/
y me cuesta escribir la palabra amor/
porque el amor es una cosa y la palabra amor es otra cosa/
y sólo el alma sabe dónde las dos se encuentran/
y cuándo/y cómo/
pero el alma qué puede explicar/
por eso mi vecino tiene tormentas en la boca/
palabras que naufragan/
palabras que no saben que hay sol porque nacen y
mueren la misma noche en que amó/
y dejan cartas en el pensamiento que él nunca
escribirá/
como el silencio que hay entre dos rosas/
o como yo/que escribo palabras para volver
a mi vecino que mira la lluvia/
a la lluvia/
a mi corazón desterrado/

(Juan Gelman, Eso, 1983-84)

miércoles, 21 de marzo de 2012

Azul oscuro casi negro

Casi negro, porque todo es trascendente, cuando respirar es un ejercicio de supervivencia. El corazón, sin embargo, late solo, por instinto; ajeno no, pero alejado, con un imparable amarillo que tal vez se vuelva ocre por las noches de desvelo.

Había un verde oscuro casi negro en el horizonte. Pero después de tanto secano, por fin, lloviste a media tarde y las sombras antiguas ahora producen otra luz menos invisible.

Quiero dejar de ver el gris oscuro casi negro con que tiñe el miedo tus miradas y la desazón del rojo oscuro casi negro en la sangre congelada por los nervios.

Respira hondo, piensa blanco, ríe brillos y cógeme por la claridad de la piel de invierno que todavía tengo. Hazme florecer la primavera a puñados, envuélveme el futuro entre las líneas de tus manos y deja que venga el verano lentamente, sin prisa, sin poner plazos.

Derritamos en celeste ese azul oscuro casi negro que se te mete en los huesos y te tiembla en la boca. No vas a volverte loca, no te dejaré: antes verde.




QUÉ RUIDO TAN TRISTE

Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando se aman,
parece como el viento que se mece en otoño
sobre adolescentes mutilados,
mientras las manos llueven,
manos ligeras, manos egoístas, manos obscenas,
cataratas de manos que fueron un día
flores en el jardín de un diminuto bolsillo.

Las flores son arena y los niños son hojas,
y su leve ruido es amable al oído
cuando ríen, cuando aman, cuando besan,
cuando besan el fondo
de un hombre joven y cansado
porque antaño soñó mucho día y noche.

Mas los niños no saben,
ni tampoco las manos llueven como dicen;
así el hombre, cansado de estar solo con sus sueños,
invoca los bolsillos que abandonan arena,
arena de las flores,
para que un día decoren su semblante de muerto.

(Luís Cernuda, Los placeres prohibidos, 1931)

martes, 28 de febrero de 2012

Panorama

Presiento una primavera rellena
con anchos campos de trigo.
Con mares que despiertan del letargo
moviéndose lentamente,
como mecidos por vientos
que han tardado en volver.

Tengo pálpitos consecutivos
que me anuncian selvas fosforescentes,
árboles recién nacidos y frescos,
sangre perturbada por la menta y por los lirios
que aún quedan pendientes de florecer.

Busco ahora con más ahínco,
con un ansia inagotable,
como si la espuma me rebasara
los filos redondos del vaso.
Como si tuviera conmigo el mapa preciso
de un ingrávido viaje
hacia las manos en que se disuelven
las materias graves
y los tiempos perdidos.

Pero, más que nada, siento
que ya no chirría ningún engranaje.
Y que me está llegando, cierto, incesante,
un abril reluciente y enorme
desde el panorama de un mar de ojos verdes
que se divisa, ya, sobre el horizonte.


viernes, 10 de febrero de 2012

Cuando digo ahora

Ya es pasado. El presente se esfuma hacia delante, a una décima de segundo. Extiendo las manos para tocarlo y se escabulle entre la maraña de células que lo protegen del tacto.

Cuando escucho tu voz, ya hace tiempo que me hablaste. Cuando noto tu dedo recorriendo mis labios, ya andan tus manos en otro trayecto. Cuando el ruido de la puerta viene seguido de un golpe de frío glaciar, entiendo entonces que te fuiste mucho antes de llegar a ningún sitio.

El momento en que descubrimos que el sentimiento aparece, siempre es un recuerdo. Por eso nos sorprende la vida en cada instante y se encapricha el azar, porque van por delante, tan cerca y tan lejos que nunca los alcanzamos.

Nos engaña el cerebro y nosotros nos dejamos engañar como criaturas fugaces, tan fugaces como el presente que se filtra tapando la realidad. Palpamos el humo creyendo que es carne, que es agua, que es calor… pero todo es pasado, todo es falso, todo es camuflaje sutil y neuroquímica del azar.

Cuando digo ahora, ya es pasado. Sin que siquiera se consuma el tiempo de parpadear ni el de rellenar los huecos en negro que suceden en la retina con el fotograma siguiente. Se estira el presente, como un horizonte cruel, que avanza delante, a nuestro paso, pero una décima de segundo más allá.

Y aunque en este presente sé que sólo beso tu niebla, tus labios de ayer permanecen en mí tan dulces, tan sólidos, tan reales… Se parecen tanto a un ahora, que consiento libremente en dejarme engañar por la memoria.

¡Qué impenetrable membrana! ¡Qué inalcanzable frontera! ¡Y qué desconsuelo pensar que, tras este invierno crudo para el corazón y para la cabeza, a una décima de ti, a una décima de mí, nos está acechando a destiempo, quizás, la primavera!



HOY

Cada noche me asomo
a tus labios
como si fuera ayer.
Cada día a tu lado
promesa es de mañana.
Hoy es siempre
todavía.

(Ángeles Mora, Contradicciones, pájaros, 2000)

domingo, 22 de enero de 2012

Sobre rojo

Cualquier día es bueno para empezar con la caligrafía de los deseos. Quiero escribirte en la piel, lentamente, palabras inmensas con los dedos y repasarlas después con la lengua antes de que produzcan ningún efecto.

Hacer fu(1) muy bajito y de cabeza(2), como un suspiro que se deja rodar por el cuello. Y caerme hacia el desfiladero en el que se hunden todos tus colgantes. Perderme en él resbalando, agarrarme a sus asideros con los labios y seguir hasta el llano que contiene el centro del universo.

Despertar al chuxi(3) con tu fiesta de faroles que me miran, esperar que aparezcan los dragones mientras tus muslos se abren como una flor que va al encuentro del lichun(4).

Y entonces entregarme a tu sobre rojo. Ese que, cuando gime, siempre nos saca del invierno hacia la primavera de los dragones.

(1) Felicidad, en chino.
(2) "De cabeza" y "llegar", son homófonos en chino.
(3) Noche vieja.
(4) Comienzo de la primavera.



YO SÉ QUE EL TIERNO AMOR ESCOGE SUS CIUDADES...

Yo sé
que el tierno amor escoge sus ciudades
y cada pasión toma un domicilio,
un modo diferente de andar por los pasillos
o de apagar las luces.

Y sé
que hay un portal dormido en cada labio,
un ascensor sin números,
una escalera llena de pequeños paréntesis.

Sé que cada ilusión
tiene formas distintas
de inventar corazones o pronunciar los nombres
al coger el teléfono.
Sé que cada esperanza
busca siempre un camino
para tapar su sombra desnuda con las sábanas
cuando va a despertarse.

Y sé
que hay una fecha, un día, detrás de cada calle,
un rencor deseable,
un arrepentimiento, a medias, en el cuerpo.

Yo sé
que el amor tiene letras diferentes
para escribir: me voy, para decir:
regreso de improviso. Cada tiempo de dudas
necesita un paisaje.

(Luís García Montero)