POEMA DEL NO
Me decías que no. Por tu mirada
pasaban barcos lentamente. Había
gaviotas en tus ojos, en tus blandos,
oscuros ojos grandes,
donde iba cayendo la amargura
como un anochecer de altas sirenas
en los puertos del Sur.
Me decías que no serenamente.
Era un no original, que ya existía
antes que tú, que hablaba por sí mismo
mientras que tú, impotente, absorta, fijos
en mí tus ojos, lo sentías vivo,
palpabas su raíz por tus adentros.
Era un no adivinado,
mudo, pesadamente silencioso.
Tu duro cuerpo tibio
me decía que no, sin causas, iba
replegándose, como
si volviese a la infancia. Tú no eras.
Me decías que no, y en tu mirada
cabalgaba un dolor que yo diría
maternal. Un dolor implorando
comprensión. Un no de contenida
pesadumbre, pero total, abierto,
levemente asomado
a las playas del llanto.
Me decías que no lejana, sola,
terriblemente sola, maniatada,
sin un porqué donde apoyarte, pero
era no, era no, sin gritos, no...
Los puertos, las sirenas,
los barcos en la noche, todo iba
perdiéndose, alejándose.
Yo, delante de ti, triste, abatido.
(Rafael Guillén)
Deambulando por la noche, a las horas en que el universo cabe dentro de mí, he encontrado estas historias que me quitan el sueño, pero me dan la vida.
domingo, 23 de septiembre de 2012
Arrecia el pasado
jueves, 6 de septiembre de 2012
Inflexión
en los que alguna vez estuve,
ahora ya estoy al otro lado.
Los miro despacio, ausente,
desafiando el salto,
acusando el vacío agudo y pequeño,
el vértigo, este remolino
de haber vivido tan solo
aquello que consigo revivir.
Como el niño sacado a punta de reloj
de la tarde de juego en el parque
que ve, durante un instante,
a través de la ventana,
el pulular de otros niños
que siguen jugando como si él
no hubiera estado nunca,
entiendo lánguidamente
que recordar es hacer recuento
de todo lo que se ha perdido sin remisión.
Soy lo que se me ha ido,
la imprecisa retahíla
de eso que recuerdo que fui
-y que es mentira-.
Pero si pudiera tocarlo nuevamente
y quedar impune, y salir indemne,
tal vez, entonces,
este mismo hombre que se lamenta en verso
podría dejar de ser lo que recuerda
y empezar a ser lo que le espera.
CRISTALES EMPAÑADOS
Se fue, no tan despacio que no hubiera
un desajuste tenue en la calima
del asfalto, y su falda
parecía más triste en el andar y hubo
como una duda, o tal vez no, y la acera
se fue estrechando al alejarse y, luego,
pareció, quizás fuera
su delgadez, sus hombros, que no iba,
que volvía a la infancia, y en la calle
apenas cabía el sol y mi mirada
y una música urbana que, tan joven,
surgió de un bar con soledad y miedo.
¿Te veías tú, acaso, dime, como
si te pudieras ver, de espaldas, sola,
pegada a la pared, andando, yéndote?
Me fui. Recuerdo que el vacío
aquél era ya parte
de mí. Porque me estuve yendo
todo el tiempo que, arriba, la buhardilla,
cama deshecha, sábanas con restos
de calor, vasos, deja
ya de fumar, me estuve
dejando ir en no querer ser pasto
de ciudad, y las calles
y el ruido estaba en mí y tus ojos, habla,
¿por qué te vas?, estaban
alrededor de mí; ser pasto
de ventanas cerradas, un quejido
o una sirena a media noche, esquinas
donde comprar la nada, el estallido
de la nada, acompáñame, me estuve
yendo de mí todo aquel tiempo tan hermoso.
Se fue y era de noche
en torno a su cintura y sus vaqueros
gastados. La bufanda, con su historia
ella también, entretejida, daba
una vuelta a la tibia
cadencia de su cuello y la seguía
a través de la lluvia y algún perro
y la insolente luz de los semáforos
poniendo en orden el desierto y, lejos,
la otra oscuridad, la que está hecha
de violencia y portales y mugrientas
escaleras.
Me fui de tanta prisa
por conocer, de tanto estar contigo,
de tanta juventud, frío empañando
los cristales, de tanto amor, la estufa,
libros y discos en desorden, altas
madrugadas del beso, tus preguntas,
café para el cansancio, las paredes,
tu pelo, el desconcierto de estar vivo.
Toda esta vida me sostiene ahora.
Todo este tiempo aquél que es lo que tengo,
lo único que tengo. Tanto irse,
tanto perder, tal desapego,
tanta sinceridad, tan armoniosa
desventura, tan sabio desvarío,
tal desesperación, tanta belleza.
(Rafael Guillén)
miércoles, 13 de junio de 2012
Algunos
AUTOBIOGRAFÍA
Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.
(Luís Rosales, Rimas, 1951)
COLLAGE
Ligeras cruzan las edades, hay quien las cuenta en días,
y a través de su lluvia y su ceniza
cada vez más difícil resulta el resistirse
al perezoso vivir animal de la costumbre.
No sé por qué los versos que ahora escribo
parecen versos clásicos, y total para decir
que si después de tanto tiempo aún hoy
aprieto tu recuerdo entiendo que
estoy condenado
a naufragar todos los días
con la vejez que da el saber
que aunque me he equivocado en todo
esto es algo que especialmente he hecho
en lo que más quería.
(Santiago Montobbio, Ética confirmada, 1990)
martes, 15 de mayo de 2012
Devuélveme el color
como una instancia fuera de plazo. Con ese olor
a papel viejo, a tinta oxidada
por la intemperie de los días deshojados.
Todo me llega con un ocre que embadurna
los paisajes. Como en una vieja
película de Hitchcok,
la memoria colorea aquellos rostros en blanco y negro,
con una historia que ahora
parece ilimitada y que, en tanto que recordada,
no pudo ser la verdadera.
Tú y yo deformamos con texturas diferentes el pasado,
distintos tonos de esa misma melodía
que silbamos las noches de luna llena,
que suena tan irreconciliable en tus labios
que dudo si pudo ser alguna vez que estuvieran
paseándose largamente por entre los míos.
La memoria nunca devuelve intacto lo vivido,
lo plancha, lo limpia, lo desangra.
No estaría mal si también consiguiera
hacerme olvidar que éste que aquí se lamenta
de todos los finales repetidos, éste yo,
precisamente éste, que carga en la espalda
una maleta de lluvia desperdiciada,
no soy más que otro de sus errores favorecidos.
Pero tú, que lo viviste conmigo,
devuélveme el calor de aquellos sueños, tráeme una luz
que borre todas las sombras y una mano que me guie
a través de este túnel sobre el que empieza
a caer silenciosamente la claridad de lo perdido.
Y devuélveme el color, ese color
que tiene la vida vista desde tus ojos
cuando nos abrazamos un instante.
miércoles, 11 de abril de 2012
Acierto
UNA HISTORIA
Ella le conoció
mientras tocaba al piano
una pieza olvidada.
Se miraron de lejos
y empezaron a hablar
sobre el vaivén del tiempo.
Ambos iban en busca
de alguna libertad:
ella ansiaba hace mucho
complementarse en él
y él deseaba con ella
fundirse solo en uno.
Rieron como locos
y así fue como amaron:
con la misma locura
con que se han olvidado.
(Javier Bozalongo, Líquida Nostalgia, 2001)
domingo, 8 de abril de 2012
Retroceder la vista
VALOR DEL PASADO
Hay algo de inexacto en los recuerdos:
una línea difusa que es de sombra,
de error favorecido.
Y si la vida
en algo está cifrada,
es en esos recuerdos
precisamente desvaídos,
quizás remodelados por el tiempo
con un arte que implica ficción, pues verdadera
no puede ser la vida recordada.
Y sin embargo
a ese engaño debemos lo que al fin
será la vida cierta, y a ese engaño
debemos ya lo mismo que a la vida.
(Felipe Benítez Reyes, Sombras particulares, 1992)
domingo, 19 de febrero de 2012
Sábado
me siento extraño en mis propios ojos,
mirando como el amor siempre
sucede en el pasado.
Me quedo quieto,
pájaro derribado por la tormenta,
en esa calma intranquila de las esperas
cuando los pasos de nunca
suenan idénticos a los de ayer.
La piel se enfría a bocanadas
conforme la tarde pasa despiadada y metódica
dejando un invisible rastro de desorden,
por donde se confunde la frágil ausencia
de quien no termina de llegar
con la inmediatez de quien nunca acaba de irse.
Aprendo entonces que el amor
siempre es un invento de otros
con sus metáforas indecisas y su miedo,
ese miedo que no se crea ni se destruye,
sino que se transforma en un silencio,
allá, en los alrededores de un cuerpo
que se consume deshabitado
en el lado derecho de otra vida.
NIEBLA
Sirenas de los barcos en el gris
creciente de la niebla. Se oyen a lo lejos,
atraviesan el aire húmedo de noviembre
mientras la nube avanza a ras de suelo,
cubre los edificios y los parques
extendiendo la sombra de un falso anochecer.
Como el barco perdido entre la niebla
se adentra la memoria en los dominios
de un mar borrado,
envía sus mensajes y pregunta`
por rostros que se fueron,
por nombres confundidos en los márgenes
del tiempo y de la muerte.
Y no sabe si inventa su pasado.
(Antonio Jiménez Millán, Clandestinidad, 2010)
viernes, 10 de febrero de 2012
Cuando digo ahora
HOY
Cada noche me asomo
a tus labios
como si fuera ayer.
Cada día a tu lado
promesa es de mañana.
Hoy es siempre
todavía.
(Ángeles Mora, Contradicciones, pájaros, 2000)
lunes, 26 de diciembre de 2011
La vida de los peces
Andrés (Santiago Cabrera), que vive en Alemania desde hace diez años, regresa a Chile para liquidar su pasado antes de asentarse definitivamente en Berlín. Sin embargo, durante la fiesta de cumpleaños de uno de sus amigos, entra en contacto de nuevo con el mundo que abandonó e incluso vuelve a ver a Beatriz (Blanca Lewin), su gran amor. Ese reencuentro podría cambiar los proyectos y la vida de Andrés para siempre. (FILMAFFINITY)
La vida de los peces
sábado, 5 de noviembre de 2011
La fe de los paraguas
distendiendo la noche que se aferra
a las dos manos de un paraguas
que nunca es suficiente.
No es necesario mojarse entero
para sentir el frío
circunspecto
que empapa todas las gotas
empujadas por el viento
que rebotan, monótonas,
en la acera.
A cada paso
más humedad se condensa,
más se espesa la frontera
que nos atraviesa por dentro
dejando irremisiblemente separados
los que ahora somos mojados
de quienes fuimos, antes,
secos.
Pero despojarse del agua,
papel o ser humano,
no dejará nada terso,
sino espacio emborronado
y cuando llueva sobre mojado,
perdida ya la fe de los paraguas,
achicaremos los ojos,
esconderemos las manos,
miraremos al suelo
y apretaremos el paso.
viernes, 14 de octubre de 2011
Punto de partida
AUTOBIOGRAFÍA
Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.
(Luis Rosales, Rimas, 1951)
sábado, 3 de septiembre de 2011
La última vez
que el calor enciende el silencio,
ahora que tu cadera coincide
con todos los límites que diviso,
ahora que tus labios se hacen domésticos
y tu rostro desaparece de un mundo
para quedarse grabado en el otro,
ahora que todo es aroma,
que no hay afuera nada que no esté dentro,
ahora que sé para qué contengo en la memoria
la respiración que antecede a los besos,
ahora, precisamente ahora,
justo ahora que he descubierto en tus brazos
el sinsentido del tiempo,
ahora que cierro los ojos para abandonarme
al tumulto que noto en la sangre
sobre el perímetro de este sueño,
ahora que los ahoras se detienen,
ahora, por fin, es ahora,
el único ahora que no entiendo
por qué es pasado siempre.
POR SEPTIEMBRE...
Por septiembre
se te llenan de sótanos los labios
y es relativo el cielo
después de haberte visto preguntarle a la vida.
Pero también el cielo,
arrugado y preciso
como tu cazadora adolescente,
quiere estar entreabierto,
brillar recién amado,
descansando en la hierba
el peso de su larga cabellera de nubes.
Por septiembre
se te llenan de humo los síes en la boca.
(Luís García Montero, Diario cómplice, 1987)
sábado, 11 de septiembre de 2010
Nada será igual
Nunca será todo igual. Ella se lo dice siempre, aunque, bien es cierto que, algunas veces, lo que dice es que nunca será nada igual.
Él, que suele perderse en mitad de una frase, atrancado en una palabra, algunas veces se queda pensando si las dos frases significan lo mismo o no. Pero al cabo de un rato, se sacude fuerte los pensamientos como hábito higiénico y deja de pensar en los matices.
Ella suele decírselo para irse adaptando al final, como terapia de susurros contra los chismes. Para protegerse de la caída y escapar, ilesa imposible, pero al menos con la suficiente fuerza para volverse a levantar.
En otros labios, la misma frase le ha sonado idéntica, con un rumor de pérdida irrecuperable y unas gotas de nostalgia dulce en angostura. Después han hablado de lo que se habla en estos casos, en estos casos en los que la distancia no ayuda a encontrar el hilo y el tiempo se viene encima de golpe como un mazo de jurisprudencia en rama.
Porque en estos casos, cuando alguien te dice que todo ha cambiado, que nada será lo mismo, que no vuelve el pasado por muy claramente que se recuerde, solo puede entonarse un silencio o hablar de música. Son las únicas dos maneras de no despertar a nadie de su sueño o de su pesadilla, de no flexionar inútilmente los corazones que te llegan con agujetas, de no retorcer palabras de amor hasta escurrírselo completamente.
Él sabe que los cambios son, a la vez, el centro del tiempo y los bordes de cada sueño. Precisamente por eso, porque sabe que nada será nunca igual -¿significará lo mismo dicho de este modo?-, porque todo cambia después de cada palabra y ese cambio sólo dura hasta la siguiente, porque nunca será todo igual, se desenreda en discursos que nadie escucha para espantarse la desidia.
Porque nunca será nada igual, hay que seguir soñando; porque nunca será todo igual, hay que dejar de mirar al fondo del precipicio. Porque el pasado nunca regresa, hay que ir pensando en qué toca cocinar para la cena.
Nada será igual, le dice siempre ella -dejando aparte el turbio asunto del todo o nada-. Nada será igual, le dice, mientras él piensa que por qué no, que nada será igual, es cierto, pero que también puede ser mejor.
Duerma o no, él siempre sueña. Por cierto que, esta noche, hay crema de verduras para la cena.
LA EDAD DE ORO
Lo que el tiempo se lleve
que sea tanto
como aquello que el tiempo nos dio,
regalo inmerecido,
dejando la memoria en la inocencia
de la vida cumplida, porque nada
hiere más y más hondo que el recuerdo:
mientras dure una noche en la memoria
esa noche es la Noche
y esa intensa memoria la Memoria[...](Felipe Benítez Reyes, El equipaje abierto, 1996)
