QUÉ RUIDO TAN TRISTE
Qué ruido tan triste el que hacen dos cuerpos cuando se aman,
parece como el viento que se mece en otoño
sobre adolescentes mutilados,
mientras las manos llueven,
manos ligeras, manos egoístas, manos obscenas,
cataratas de manos que fueron un día
flores en el jardín de un diminuto bolsillo.
Las flores son arena y los niños son hojas,
y su leve ruido es amable al oído
cuando ríen, cuando aman, cuando besan,
cuando besan el fondo
de un hombre joven y cansado
porque antaño soñó mucho día y noche.
Mas los niños no saben,
ni tampoco las manos llueven como dicen;
así el hombre, cansado de estar solo con sus sueños,
invoca los bolsillos que abandonan arena,
arena de las flores,
para que un día decoren su semblante de muerto.
(Luís Cernuda, Los placeres prohibidos, 1931)
Deambulando por la noche, a las horas en que el universo cabe dentro de mí, he encontrado estas historias que me quitan el sueño, pero me dan la vida.
miércoles, 21 de marzo de 2012
Azul oscuro casi negro
martes, 3 de enero de 2012
Emparejar calcetines
COMPLETAMENTE VIERNES
Por detergentes y lavavajillas
por libros desordenados y escobas en el suelo
por los cristales limpios, por la mesa
sin papeles, libretas no bolígrafos,
por los sillones sin periódicos
quien se acerca a mi casa
puede encontrar un día
completamente viernes.
Como yo me lo encuentro
cuando salgo a la calle
y está la catedral
tomada por el mundo de los vivos
y en el supermercado
junio se hace botella de ginebra
embutidos y postre,
abanico de luz en el quiosco
de la floristería,
ciudad que se desnuda completamente viernes.
Así mi cuerpo
que se hace memoria de tu cuerpo
y te presiente
en la inquietud de todo lo que toca,
en el mando distancia de la música,
en el papel de la revista,
en el hielo deshecho
igual que se deshace una mañana
completamente viernes.
Cuando se abre la puerta de la calle,
la nevera adivina lo que supo mi cuerpo
y sugiere otros título para este poema:
completamente tú,
mañana de regreso, el buen amor,
la buena compañía.
(Luís García Montero, Completamente viernes, 1998)
miércoles, 16 de noviembre de 2011
Retrato
acércate a la ventana, vamos, destensa el pasado,
pierde la vista en aquel horizonte.
Quieta, así, tranquila, quiero capturar
en el poema ese brillo que tienen tus ojos
cuando me dices lo que no me dices,
cuando después lo niegas todo.
Relaja las manos, como cuando acaricias,
desabróchate otro botón, deja que el corazón
se te adivine por el borde de la camisa,
humedécete los labios.
Quieta, así, gira un poco la esperanza
pero sin mover los hombros,
baila mientras te miro, detén el reloj y el escorzo,
sonríe como cuando iluminas las tardes,
muéstrame un poco más del cuello que espera un beso,
entorna la distancia para que no duela,
cruza un poco las piernas por debajo de la mesa,
déjame mirar más adentro.
Quieta, así, no te muevas, calma,
que quiero pintarte en un poema
y estoy buscando la mezcla de palabras
que rima con la textura de tu piel,
ando detrás del color que te imprime la risa
sobre un paisaje de otoño.
Eso es, eso, así, quieta.
Por favor, ahora no muevas el corazón,
déjame que te pinte así en este poema,
como si me quisieras al leerlo,
como si escribiéndolo te quisiera yo...
jueves, 14 de octubre de 2010
En blanco y negro
Dicen las estadísticas
las verdades más frías
y las mentiras más candentes.
En ellas se refugia
la ignorancia de las cosas
escrita con números rígidos.
Se aturden milimétricamente
las certezas esdrújulas
que adoran al dios minúsculo
que nos quiere para hacer sumas.
El alma se reduce a dígitos,
a fotogramas ínfimos de una vida extensa,
a indicios de un silencio consabido
que nadie pronuncia,
al término medio inexistente
en lo implícito de las conciencias.
Y puede ser que acierten,
que la mezquindad del mundo
sea la leche más mamada,
que no seamos más que números
que bailan en una tabla
y que el corazón de los hombres
haya sucumbido a las matemáticas.
Puede ser que acierten con su catalejo
y que yo, viviendo a simple vista,
y mirándote como te miro, absorto,
no entienda la desviación típica
ni la frecuencia con la que los otros
puedan sentir lo mismo que yo.
O será que no sigo la moda
y me salvo de la media al tener
la mediana edad de no querer entender
que todos los colores de ese mundo
al que me lleva el brillo de tus ojos,
puedan estar hechos, tan solo,
con blanco y negro.