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viernes, 30 de diciembre de 2011

Decir hola cien veces

Decir hola cien veces
y no creer en las despedidas,
saludar a los años con uvas sin semilla,
sacarlas de la memoria y comérselas
sin miedo a que se gasten en otra boca,
encontrar las mismas burbujas
en las copas de todos los meses
y dejar reposar juntas las alhajas
en la misma esquina de la mesilla
que nos duerme.

Decir hola cien veces
para perdonar un hasta siempre,
practicar el oficio de los silencios
sin terror a la palabra más temida,
decir hola cien veces
sin contar el paso de los días,
decir hola cien veces, mil veces,
engarzar millones de sílabas repetidas
para que nazca un mar desde los labios,
decir hola cien veces y sin respiro,
grabarla a fuego en la lengua de trapo,
quemarla viva, abrasar el aire
con su ruido, decir hola a cada segundo,
llenar la vida de saludos enormes,
decir hola cien veces
para olvidar esos adioses
que acabas de firmar por triplicado.

Decir hola cien veces,
incluso,
a quien firmaba contigo.




PELAMBRE

Qué hermoso debe ser
tener una pelambre,
ser homogéneos contra el frío,
sentir
como una cualidad intrínseca,
y no como tarea, la vida.
Sentir por la abundancia
de los pelos
que se está vivo para algo.
Qué hermosa una pelambre
espesa,
un corazón inalcanzable,
un corazón que está juntando
muerte,
un corazón que está alcanzándose,
una verdad que se abre paso.
Qué hermosa debe ser la muerte
de los osos,
Puntual e inevitable

en las cadenas de montañas
que cruzan a lo largo de su vida.
Hay siempre una montaña
que es la última,
una pendiente que no espera solución,
algo pendiente que se va con uno.

(Fabio Morábito)

domingo, 12 de septiembre de 2010

In-distinta

¡Tantas veces me lo has dicho!
Con tus voces distintas,
con tus múltiples idiomas,
con tus varios colores de tinta,
con tus diferentes tipos de letra.


Tantas veces me lo dices
que yo, creyéndote muchas,
fabrico un sin fin de respuestas.


Me hablas de la importancia
de tener un río en la memoria,
de que el amor es un mordisco
que siempre llega a tropezones.


Me hablas de música o de libros,
de películas que son extensiones
de kilométricas novelas para jóvenes
que buscan amores y asesinos.


Y yo, creyéndote muchas,
maquillo respuestas solitarias,
diferentes tonos de voz
con los que juego a ser muchos distintos
desde las partes contrarias
de mi propio yo.


Tantas veces me lo has dicho,
de tantas formas que ya,
creyéndote tantas, muchas, infinitas,
sufro de diferente modo las despedidas
como si pudiera partirme en muchos.


Me has dicho adiós tantas veces
que ahora sé que siempre
eres la misma.
Tantas veces me lo has dicho,
que ya sé lo que significa:


-Vengo enseguida, mi vida,
voy a disfrazarme de otra.
No tardo.
Y mientras vuelvo a decirte hola,
dúchate, hombre, respira,
estira el corazón y las piernas
o si lo prefieres,
llora.


92


Las cosas nos imitan.
Un papel arrastrado por el viento
reproduce los tropezones del hombre.
Los ruidos aprenden a hablar como nosotros.
La ropa adquiere nuestra forma.


Las cosas nos imitan.
Pero al final
nosotros imitaremos a las cosas.


(Roberto Juarroz, Séptima poesía vertical, 1982)


LA ÚNICA ROSA


Todas las rosas son la misma rosa,
amor, la única rosa.
Y todo queda contenido en ella,
breve imajen del mundo,
¡amor!, la única rosa.


(Juan Ramón Jiménez, Canción, 1936)