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lunes, 12 de diciembre de 2011

Queda un año

Exactamente dentro de un año, en un minuto como éste, todo estará resuelto.

Es el plazo, el último plazo que me dan los planetas. Sé que todo lo que ahora me preocupa se habrá olvidado o, al menos, estará en un rincón secundario de la infidelidad de mi memoria.

Entonces empezarán otros problemas, otras cuitas, otras miserias. Miraré alrededor para saber quien está conmigo, quien me llama o a quienes echo de menos.

Será un hermoso final convertido en principio, la necesaria renovación de las inquietudes y las esperanzas. Y hablando de esperanzas, también entonces te espero.

Y si no, si todo continua lo mismo, si me sigue preocupando todo lo que ahora me preocupa, no pasa nada, la vida no se para. Lo que sí prometo es que, entonces, dejaré de dar la lata y borraré todas la palabras que aquí tengo escritas.

Sí, justo en este instante que escribo, empieza el último año de esta vida. Es la hora.




LA HORA

Cada minuto de este oro
¿no es toda la eternidad?

El aire puro lo mece
sin prisa, como si ya
fuera todo el oro que
tuviera que acompasar.

(¡Ramas últimas, divinas,
inmateriales, en paz;
ondas del mar infinito
de una tarde sin pasar!)

Cada minuto de este oro
¿no es un latido inmortal
de mi corazón radiante
por toda la eternidad?

(Juan Ramón Jiménez, Canción, 1936)

martes, 27 de septiembre de 2011

Resto

Eso quedará de mí en esta casa,
el reflejo de mi imagen atrapado
en el cristal de la ventana,
la oscuridad de haber cerrado
los ojos con miedo, el idioma extraño
con que el gotelé se reía en mis dedos
de la imprecisión de los interruptores.

En esta ciudad permanecerá mi primer llanto
atrapado en un papel endeble, el olor
de aquella noche, cuando tantas veces
decidimos cruzarnos de labios.

Quedará mi desierto extendido sobre sus calles
hecho con los granos de arena
que fui dejando perdidos después de haberlos pisado,
quedará el desconcierto de los parques
deambulando por noches solitarias
y ese vacío con el que nadie
se sentaba en el autobús a mi lado.

Para el resto no quedará de mí nada apenas,
un atisbo en la genética o en los apellidos,
la familiaridad de los horóscopos, el número
que me corresponda en las estadísticas
y alguna palabra que a alguien se le escape
durante el breve periodo en que resisten
los recuerdos impasibles al olvido feroz.

En la casa seguirán quejándose
las persianas con el viento,
la ciudad no interrumpirá
su interminable gasto de asfalto
y el resto, el resto ya lo sabemos
en los otros que un día, también, se fueron.



La casa que abrigó tu corazón
será una ruina. Furtivos
en la noche
la habéis abandonado.
Oscura en el jardín la tierra removida.
Quise
decir traición

y dije llanto

(Ada Salas)



Hay libros que se escriben sobre la carne misma.
Son esas cicatrices que nos hablan
y sangran
cuando el tiempo se rinde a su derrota
un puñado de signos que apenas
comprendemos

y eran el beso intacto de la vida.

(Ada Salas)