miércoles, 20 de enero de 2010

Ojos rojos

Estoy en un sitio de ojos rojos,
los veo deshacerse contra las batas,
ojos de llanto o de insomnio,
ojos de hierros clavados en la espalda,
ojos perdidos en sueños rotos,
pechos que apenas contienen las lágrimas.


Pienso en lo extraño de este lugar,
en la impaciencia de los pacientes
de este hospital de lo inhóspito
que se extiende al mundo entero.
Porque, aquí, en este purgatorio,
a nadie le importa el dolor ajeno
si no hay nombre, ni hombre, ni afecto,
que te lo convierta en propio.

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