La luz emerge del horizonte
y nos pilla despiertos.
Aparecen días sin sol que no se apiadan
de nuestra reserva de nervios de punta,
cuando llega la invasión de las hormigas
que nos roban sueños y felicidades,
y nos quedamos como de trapo
esperando que venga la ayuda.
Días que necesitan sin falta
que un manojo de inquietud
nos mordisquee las uñas
para digerir lo viscoso de los minutos
que van pasando sin noticias.
Puede ser un día cualquiera,
martes, por ejemplo,
cuando al apretar los puños
notamos que se escapa la arena
mientras preguntamos porqués
y nadie tiene más respuesta
que un murmullo de ojalás
envueltos en frases hechas.
Pasamos esos días sin sol
respirando flojito, temblando de espera,
perdiendo miradas en los jarrones,
arrastrando pasos en la escalera
que baja al sótano de la vida.
Pasamos esos días
cambiando todos los todos por nada,
temiendo ver nuestro nombre en la lista.
Esos días, que siempre ocurren
con más frecuencia de la necesaria,
son los que más te necesito,
para que mi risa contenida
pueda espantar tus fantasmas,
para decirte que todo va a salir bien
aunque parezca no servir de nada
y para hacerte saber, a ciencia cierta,
que cuando todo esté perdido
aún te quedará mi palabra.
1 comentario:
Ojalá la primavera venga pletórica de días soleados, para iluminar nuestro ánimo y seguir adelante...
Saludos cordiales.
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