Ella viste de rojo, siempre rojo,
como si no existiera otro color
o, mejor dicho, como si todos
los colores se me desplazaran al rojo.
Le veo los zapatos rojos,
las medias rojas, las faldas rojas,
las camisas, las felpas, los adornos.
Sus palabras son rojas, su olor
no puede ser otra cosa que rojo,
el ruido con que la puerta
la recibe al abrirse es rojo.
El instante en que me mira
es rojo también, como todo.
Su tacto es rojo, su sabor es rojo,
la sangre me inunda los ojos
y ya no veo ningún otro color.
?Pero es naranja?, me dice risueña,
como si ella pudiera no saber nada
de todo el rojo que lleva
alrededor.
1 comentario:
Cómo me alegra leerte, Paco. Ni te lo imaginas.
Yo soy más del azul. Pero me gusta la gente del rojo. Y me gusta saber de tí :)
Abrazos!
Publicar un comentario