Hace exactamente un año,
un día tal como hoy,
nada era lo mismo.
Hace exactamente un mes,
quince días, una semana,
nada era lo mismo.
Ayer tampoco. Ni lo será mañana.
Dentro de una semana,
de un mes, de un año,
habrá un día tal como hoy
en que nada será lo mismo.
No repetiremos, nada repetimos,
porque dibujamos espirales
y es imposible el equilibrio.
¿Hacia dónde?
Qué importa si,
cuando lleguemos,
ya nada será lo mismo.
NADA ES LO MISMO
La lágrima fue dicha.
Olvidemos
el llanto
y empecemos de nuevo,
con paciencia,
observando a las cosas
hasta hallar la menuda diferencia
que las separa
de su entidad de ayer
y que define
el transcurso del tiempo y su eficacia.¿A qué llorar por el caído
fruto,
por el fracaso
de ese deseo hondo,
compacto como un grano de simiente?No es bueno repetir lo que está dicho.
Después de haber hablado,
de haber vertido lágrimas,
silencio y sonreíd:nada es lo mismo.
Habrá palabras nuevas para la nueva historia
y es preciso encontrarlas antes de que sea tarde.(Ángel González, Grado elemental, 1962)
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