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viernes, 3 de agosto de 2012

Agosto

Entonces llegan las horas quedas
del entreacto del mediodía,
cuando se para la vida y apetece siesta.
Nos subimos a hurtadillas
al hogar del ascensor
para que sea de tu cuerpo el sudor
que me escurre por las costillas.
Para entrar en tu propio cielo ardiente,
quedarme encendido y mojado,
surtido y derramado, libremente encerrado
entre tus dos sonrisas diferentes
y perpendiculares.

Y aunque odio los veranos circulares
y el angosto calor de este sol,
me gusta cuando llega matando nubes,
mientras pasa la vida despacio,
mientras pasamos al amor,
pidiendo que te queme yo,
deseando que tú me sudes.


miércoles, 25 de agosto de 2010

Aburrimiento monstruo

Este monstruo de paso lento
de un agosto sin perspectiva
se detiene un momento para mirarme
por encima del hombro de una tarde
interminable y anodina.


Me quedo quieto esperando
que pase de largo y doble la esquina
del sol que arrebata la calle,
que decida poner fin al encierro en sudor
con que me castiga.


Pero me hace sentirme culpable,
como muerto de hambre de vida,
porque me abre los ojos a una noche
en la que siempre es tarde todavía
y donde todos los veranos amenazan
con ser el mismo de cada día.


Recordaré tal vez, pasado el tiempo,
este momento en el que la nada me aprieta,
con otra luz más brillante y con otra suerte,
si alguien me espera a la vuelta de la esquina
de este monstruo de paso lento
de un agosto sin otra perspectiva
que la de aguardar al monstruo
de septiembre.

lunes, 9 de agosto de 2010

Ojalá que llueva café en el campo

Tras la ventana, plomizo el cielo, el día se detiene un instante. Bochorno sin sol es el escenario perfecto para que agosto se vuelva hostil y triste.


A estas alturas de mes, ya estará sufriendo San Lorenzo su pena repetida, su castigo interminable y cíclico, y sus lágrimas-cometa a punto de cruzar el universo para conceder deseos.


En una próxima madrugada, cuando lleguen las perseidas y yo las espere a solas con mi insomnio, ya tengo decidido desear con todas mis fuerzas que llueva, que el cielo se desgaste en dejar al verano herido, que el aire huela a esa menta imposible del ozono.


Ojalá que lluevan versos y pueda chapotear risueño en los charcos-poema. Ojalá que lluevan manos para dejarme la piel tersa y mojada. Ojalá que lluevan estados de gracia, presencias definitivas, hermosas palabras teledirigidas y abrazos secretos en pijama.


Ojalá que llueva a mantas la sincronía de los corazones, que todo se empape de esperanza. Ojalá que lluevan tús sobre los solitarios, que lluevan mapas homologados para los perdidos y para los desencontrados. Ojalá que llueva café en el campo y, si es posible, descafeinado para los insomnes o, en su defecto, que llueva colacao.


Por si al final se cumplen mis deseos y todo se moja y nada escapa de esa tormenta desatormentada, voy a tener la precaución de seguir viviendo sin paraguas hasta que me estornude el corazón.