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viernes, 25 de mayo de 2012

La suerte de esperar

Ha sido duro el invierno. El jardín apenas resistió los hielos, la falta de agua, el calor inesperado. La planta se había secado.

Quizás debí tomar medidas, protegerla de la intemperie, arroparla en las noches de frío siberiano y estar más atento a su riego. Siempre me pasa lo mismo, me dedico a lamentar lo que no hice y a buscar un motivo para la desidia.

Suelo encontrarlo. Porque quiero creer que todo tiene su tiempo, sus recursos, su propia manera de afrontar el azar de la meteorología. Porque cuando me precipito, todo sale al revés. Porque no sé todo lo que aparento saber, lo que los demás me hacen creer que sé. Porque aquello que no sobrevive al invierno, no merece disfrutar de la primavera.

Así que pensé cortarla de raíz. Pero... ¿qué poner en su lugar? Bueno, mientras lo pensaba, decidí esperar, dejarlo todo como estaba.

Largo tiempo el de la espera sin esperanza, el de retrasar la desesperación. Pero... ¿qué poner en su lugar? Tanto tiempo conmigo, tanto tiempo conmigo que ahora ¿cómo sustituirla? Las mismas dudas que mueven el mundo, también lo paran.

Y resignado a decidir, quise ver la planta por última vez, casi como despedida, cuando advertí por entre los claroscuros de la tarde, un cierto color verde en sus ramas. ¿Verde? Sí, estaba brotando por lugares señalados de su tronco seco.

Entonces me acordé de eso que me dijiste, no sé si con envidia, unas tardes después de los truenos: "Te sale bien esperar. Se ve que tienes suerte". Aunque no dijiste nada de lo que me cuesta.

Puedo ser un hombre con suerte, con la suerte de esperar, quizás tengas razón. Pero -porque el ser humano es incomprensible e incoherente-, quizás, precisamente a mí, que tengo la suerte de esperar, es a quien más le gustaría saborear la otra suerte, la de tener todo, eso que espero tanto, ya.

O, tal vez, la mala suerte de dejarlo todo intacto.



KEEPING THINGS WHOLE

In a field
I am the absence
of field.
This is
always the case.
Wherever I am
I am what is missing.

When I walk
I part the air
and always
the air moves in
to fill the spaces
where my body’s been.

We all have reasons
for moving.
I move
to keep things whole.

(Mark Strand, Selected poems, 1979)

miércoles, 21 de septiembre de 2011

Preferencias

Se prefiere la carne o el pescado, los colores, las estaciones... Los caballeros las prefieren rubias, los demás nos conformamos con encontrar.

¿Qué color es el que más te gusta? ¿Qué comida te abre siempre el apetito? Hay razones antiguas, en olores de viejas cocinas familiares mal ventiladas, en los ojos de una chica que se abrieron de par en par cuando apareciste con tu camisa verde, en la placidez del instante en que te dieron a probar un determinado té...

Razones aleatorias que transformamos en fundamentales sin tener ni la más remota idea de que perdurarán muchos años. Razones aleatorias que, sin saber bien el mecanismo, en lugar de pasar como sombras, como tantos otros instantes que se pierden en la memoria, se nos quedan en ella para siempre.

Y, cuando el tiempo pasa, cuando uno ya no se acuerda por qué prefiere lo que prefiere pero continua profiriendo su preferencia a todas horas, dejan de existir las causas y, simplemente, se acepta que eso es lo que uno prefiere.

Sucede también, que las preferencias se transfieren, que nos gustan aquellas cosas que les gustan a quienes preferimos. Nos contagiamos, ellos son el impulso para cada nueva preferencia cuyo origen se olvida sin más. Y, cuando nos inventamos unos a otros, tan mal que parecemos de verdad, adquirimos mutuamente preferencias inventadas a la vez, por los dos.

Este es, a mí me lo parece, el mayor misterio del mundo en el que vivo, que no sé si será el real o uno inventado. Porque se prefiere lo que se prefiere, uno hace lo que hace y deja de hacer lo otro.

Pero si se mira en el interior, si uno desestima todas esas razones fáciles de encontrar en la memoria o bien, si las analiza a fondo, hay que darse cuenta, nuevamente, de que preferimos por azar.

Y por azar, también, somos preferidos. Pero aunque nos guste creer que hay una razón única, individual, específica, que nos hace ser preferidos por alguien, lo cierto es que todo se lo debemos al azar propio y al de los demás.

¡Qué inquietante sensación! La de no saber en qué momento van a dejar de preferirte, ni por qué. Da igual lo que se haga, la lucha o el esfuerzo por ser preferido, el balance de méritos y de decepciones, la monotonía o la sorpresa de los vínculos y las afinidades, porque nadie puede controlar el azar y sus secuelas.

Por eso, preferir a quien te prefiere, siempre es una suerte, siempre es azar de felicidad. Mientras dure...

Besar a reñir, palpar a pisar, volar a correr. Yo también prefiero un polvo a un rapapolvo y los caminos a las fronteras. Incluso aunque los caminos se recorran en solitario.






miércoles, 25 de agosto de 2010

Aburrimiento monstruo

Este monstruo de paso lento
de un agosto sin perspectiva
se detiene un momento para mirarme
por encima del hombro de una tarde
interminable y anodina.


Me quedo quieto esperando
que pase de largo y doble la esquina
del sol que arrebata la calle,
que decida poner fin al encierro en sudor
con que me castiga.


Pero me hace sentirme culpable,
como muerto de hambre de vida,
porque me abre los ojos a una noche
en la que siempre es tarde todavía
y donde todos los veranos amenazan
con ser el mismo de cada día.


Recordaré tal vez, pasado el tiempo,
este momento en el que la nada me aprieta,
con otra luz más brillante y con otra suerte,
si alguien me espera a la vuelta de la esquina
de este monstruo de paso lento
de un agosto sin otra perspectiva
que la de aguardar al monstruo
de septiembre.