Mostrando entradas con la etiqueta entusiasmo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta entusiasmo. Mostrar todas las entradas

jueves, 5 de abril de 2012

Buenos días

Buenos días, sólo eso.

Tal vez abril sea para vivir y no para tenerle miedo, si es que son cosas distintas.

La vida puede transcurrir sin que aparezca eso que tanto esperamos, puede agotarse sin encontrar aquello que le dé sentido a este remolino de idas y vueltas, a este descontrol de vaivenes y tumultos que hace latir desacompasados corazones, pulmones y cabezas.

Sin que aparezca pero, en tanto lo esperamos, mientras encontramos un brillo que nos distinga los ojos, hay que atender los asuntos cotidianos, la breve historia de aquel recibo, el dilema del paraguas y si toca pescado para la cena.

Cada mañana, la vida nace pequeña y las pequeñas cosas se confabulan para aparcar el caos en doble fila y dejar que algún hilo de luz se hilvane en los sueños. La vida nace pequeña y nosotros nos hacemos pequeños con ella deshaciéndola en pequeños actos de amor imposible, actos inexactos de emoción aprendida, tan arbitrarios como el idioma en que los pronunciamos.

El patio necesita unas horas de cocción, los platos de anoche piden a gritos un planchado. Habrá que hacer la cama de uno como si hubiesen dormido dos. Encontrar las palabras para felicitar a quien corresponda y entregar regalos, buscar tiempo para esperar llamadas o hacerlas, saltar hacia la luz para salir del agujero y estirarse un poco antes de caer en el próximo.

Si son cosas diferentes, abril es para vivir y no para tenerle miedo. Y para olvidar un poco, soñar mucho, embeberse en las rutinas y salir de ellas de tanto en tanto.

Buenos días, vida. Sólo eso.



lunes, 26 de septiembre de 2011

Edades del hombre

Me encuentro en una edad rara,
a medio camino de cualquier otra,
lejos aún de todas partes,
repleto de humos que se están yendo
cuando parece que se quedan.

He perdido la indolencia; y la inocencia
vuelve a abrirse paso entre lo amargo,
llevo encima tanta decepción como entusiasmo,
me vislumbro en cada cosa que regresa
y me canso de tanto intentar en vano
ordenar con ellas mi desconcierto.

¿Cuántas manos caben en la memoria
de una piel que se reseca a la intemperie?
A fuerza de estarme quieto
he aprendido a amar lo que no se mueve,
a filtrarme en las páginas en blanco
buscando las verdades que me faltan.

Estoy en una edad muy rara, en un punto
de mi historia que tarda en despejarse,
junto a tantos otros que, como yo mismo,
parecen no estar esperando nada,
cuando todo me sabe a ceniza y, sin embargo,
sé que éste es el tiempo, que ésta es la vida,
y que adoro sus caprichosas estafas.




VARIACIÓN SOBRE UNA METÁFORA BARROCA

A Carlos Aleixandre

Alguien trajo una rosa
hace ya algunos días, y con ella
trajo también algo de luz;
yo la puse en un vaso y poco a poco
se ha apagado la luz y se apagó la rosa.
Y ahora miro esa flor
igual que la miraron los poetas barrocos,
cifrando una metáfora en su destino breve:
tomé la vida por un vaso
que había que beber
y había que llenar al mismo tiempo,
guardando provisión para días oscuros;
y si ese vaso fue la vida,
fue la rosa mi empeño para el vaso.

Y he buscado en la sombra de esta tarde
esa luz de aquel día, y en el polvo
que es ahora la flor, su antiguo aroma,
y en la sombra y el polvo ya no estaba
la sombra de la mano que la trajo.
Y hoy veo que la dicha, y que la luz,
y todas esas cosas que quisiéramos
conservar en el vaso,
son igual que las rosas: han sabido los días
traerme algunas, pero
¿qué quedó de esas rosas en mi vida
o en el fondo del vaso?

(Vicente Gallego, La plata de los días, 1996)