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lunes, 12 de marzo de 2012

Lista

Sin detalles: suavidad, rojo, penumbra, melodía, amor.

Después se van ensamblando los fotogramas poco a poco. Cinco palabras los traen engarzados, empaquetados para traslado. Al fin y al cabo, escribir siempre es una mudanza.

En cada mudanza algo se altera, la atmósfera se transforma en vida embellecida cuando depositamos en la nueva estancia la lista de las cosas que no se pueden olvidar: amor, suavidad, rojo, penumbra, melodía.

Quizá sea el recuerdo aquello que más se disfruta cuando, con las paredes ya limpias, volvemos a colocarlo en su sitio: melodía, amor, suavidad, rojo, penumbra.

Pero yo prefiero los detalles, los otros, los que pone la imaginación por encima de la memoria, cuando la penumbra se hace melodía, como si el amor contuviese una música suave que va tiñendo de rojo los bordes.

Quizás fuera rojo el principio de la penumbra, quizás cada melodía es un amor que avanza hacia la suavidad. Quizás no sólo cuente el conjunto, quizás la realidad siempre se nos desmenuza en palabras que el olvido congela en una lista.

Pero dentro del corazón, la vida se nos queda con todo detalle: suavidad, rojo, penumbra, melodía, amor.

Y mucho. Como tú dijiste.



Posees el gozo de su risa
pero debes saber que partirá.
Te inunda su alegría
te ilumina su rotunda carcajada
con una luz muy dulce,
pero no ignores que se irá.
Ella fluye,
ella es un líquido que detesta estancarse
ella es un pájaro que anida y emigra,
ella se irá.
Ella se irá y te dejará una marca de amor
que solamente curarás con su regreso efímero.
Entonces la verás de paso
y será como tropezar con el sol de la mañana
descubrir de nuevo su alegría,
nadar en ella
plácido
hasta un próximo encuentro inesperado.

(Darío Jaramillo Agudelo, Libros de poemas, 2001)

miércoles, 1 de febrero de 2012

Ecualizadores

Todos estamos en muchas listas. Por gestos, por palabras, por acciones, porque alguien se dispone a querernos un poquito, subimos poco a poco.

Cuando alguien nos desquiere, nos desama, nos desecha de menos o, simplemente, flaqueamos en sus sueños o en sus expectativas, bajamos muy deprisa.

Llega el vértigo. El esfuerzo de subir, el vacío en el estómago de perder altura, se alían para estremecernos. Sería mucho más tranquilo permanecer a la misma altura, exactamente a la misma altura en la que nosotros tenemos a los demás en nuestra lista. Sería confortable, no me cabe duda, pero qué monotonía de música tras los cristales.

Así todas las lista en fila, tenemos el ecualizador de nuestra vida. Mi música estuvo mucho tiempo sonando como "pop" hasta que se fue convirtiendo en "clásica". Breves momentos de "jazz", instantes de "club" y una vertiginosa caída hacia el "tecno".

Sé que ahora mi música te suena a veces a "espacio abierto", a "rock suave", a "en vivo". Pero si me aprietas fuerte, si me besas muchas veces, tal vez mi vida empiece a encontrar la forma de sonarte como "auriculares", como a mí hace ya tiempo que me suena la tuya.

Muy cerquita del oído, pero lejos del corazón.



domingo, 13 de junio de 2010

Lista de la compra

En el manuscrito tiemblan por la prisa
patatas, yogures, huesos para el cocido,
verduras diversas, zumos sin azúcar,
papeles más higiénicos que éste
y la amargura de los pepinos.

Noto como se derriten en el bolsillo
los helados y las bolsas de espinacas,
como se oxidan las manzanas
aunque estén recién apuntadas con el bolígrafo
y el sudor pegajoso de los calabacinos
asediados por las latas.

Lo que entendí ternura al leerlo sin gafas
-y es que no importa lo que se escriba
porque se lee lo que se quiere-
ahora es ternera que habita carritos
y que sueña más allá de los guisantes
a un estante de las cuñas de queso.

En cada renglón de cada lista
hay una alacena revisada
y un hueco en la despensa de mi vida.
Pongo tu nombre varias veces con mayúsculas
en todas las listas de la compra
para tenerte en rodajas o finas lonchas,
cruda y sin conservantes en el corazón
y extenderte por mi piel como una crema.

Rebusco luego en los estantes y no te encuentro,
tacho todo lo demás según lo echo en el carro
y, al final, se me quedan tus nombres intactos
rozándome los bordes del bolsillo de la camisa.
Vuelvo a casa con el mismo hueco que tenía
agarrado a la literatura de la siguiente lista
y a esta insaciable adicción al chocolate
y a la poesía.



SOCIEDAD DE CONSUMO

Caminamos de la mano por el supermercado
entre las filas de cereales y detergentes

Avanzamos de estante en estante
hasta llegar a los tarros de conserva

Examinamos el nuevo producto
anunciado por la televisión

Y de pronto nos miramos a los ojos
y nos sumimos uno en el otro

y nos consumimos

(Óscar Hahn, Mal de amor, 1981)