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domingo, 19 de septiembre de 2010

Vestida para salir

Al abrir el armario a la imaginación, el mundo se llena con el silencio de los sueños que le salen de dentro. En cada prenda hay un recuerdo, una esperanza, una sensación distinta.


Los colores comienzan a combinarse solos, como si fuesen versos que riman, se entremezclan y se matizan los unos a los otros. "Suena bien", se dice mientras se seca el pelo y se pinta las uñas.


Entonces, cuando todo está elegido, con los pliegues revisados y peinados los versos, perfumada con olor a tinta, ya está dispuesta a ponerse delante del espejo de otros ojos y del eco de otras bocas.


No puede evitar los nervios de la cita, pero es que yo tampoco. Ya está vestida para salir y así es como más me gusta. No sabe cuánto deseo tenerla pronto en mis manos, para abrirla en una noche loca por la luna, leerla despacito y desnudarla poco a poco.


Vestida para salir, este lector impaciente te aguarda. ¿No ves que necesito un sueño para rayar el agua?


LA POESÍA


La poesía es inútil, sólo sirve
para cortarle la cabeza a un rey
o para seducir a una muchacha.


Quizás sirve también,
si es que el agua es la muerte,
para rayar el agua con un sueño.
Y si el tiempo le otorga su única materia,
posiblemente sirva de navaja,
porque es mejor un corte limpio
cuando abrimos la piel de la memoria.
Con un cristal partido,
el deseo
hace heridas más sucias.


La poesía eres tú,
un corte limpio,
una raya en el agua
?si es que el agua es razón de la existencia -,


la mujer que se deja seducir
para cortarle la cabeza a un rey.


Luís García Montero, Completamente viernes, 1998)



domingo, 13 de junio de 2010

Lista de la compra

En el manuscrito tiemblan por la prisa
patatas, yogures, huesos para el cocido,
verduras diversas, zumos sin azúcar,
papeles más higiénicos que éste
y la amargura de los pepinos.

Noto como se derriten en el bolsillo
los helados y las bolsas de espinacas,
como se oxidan las manzanas
aunque estén recién apuntadas con el bolígrafo
y el sudor pegajoso de los calabacinos
asediados por las latas.

Lo que entendí ternura al leerlo sin gafas
-y es que no importa lo que se escriba
porque se lee lo que se quiere-
ahora es ternera que habita carritos
y que sueña más allá de los guisantes
a un estante de las cuñas de queso.

En cada renglón de cada lista
hay una alacena revisada
y un hueco en la despensa de mi vida.
Pongo tu nombre varias veces con mayúsculas
en todas las listas de la compra
para tenerte en rodajas o finas lonchas,
cruda y sin conservantes en el corazón
y extenderte por mi piel como una crema.

Rebusco luego en los estantes y no te encuentro,
tacho todo lo demás según lo echo en el carro
y, al final, se me quedan tus nombres intactos
rozándome los bordes del bolsillo de la camisa.
Vuelvo a casa con el mismo hueco que tenía
agarrado a la literatura de la siguiente lista
y a esta insaciable adicción al chocolate
y a la poesía.



SOCIEDAD DE CONSUMO

Caminamos de la mano por el supermercado
entre las filas de cereales y detergentes

Avanzamos de estante en estante
hasta llegar a los tarros de conserva

Examinamos el nuevo producto
anunciado por la televisión

Y de pronto nos miramos a los ojos
y nos sumimos uno en el otro

y nos consumimos

(Óscar Hahn, Mal de amor, 1981)