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sábado, 17 de noviembre de 2012

Versos en caída libre

Ocurre que no puedo parar
que no sé como empieza
que surge la avalancha intempestiva
que me arrasa una avenida
de palabras sin ton ni son
Ocurre que no puedo detener los dedos
que el verso me gira alrededor
que todo lo demás parece vacío
que paso del frío al calor
y de la memoria al olvido
Que siento cómo me envuelven palabras
sin que pueda dejar que pasen intactas
que me inundan estribillos y melodías
mientras me descubro pulsando en la barriga
cuerdas de guitarra imaginaria
Que actores recitan pasajes famosos
que hablan yo que sé de ti de nosotros
de la otra vida de los altibajos
de que bailamos sobre extraños escenarios
hechos a medida para media luz
Entonces no puedo parar
aunque no sé como empieza
y tengo que seguir y seguir
rellenando renglones a destiempo
repitiendo lo ya dicho hasta cansar
Me quedo sin aire en el pecho
me mancho los dedos de una tinta que no se borra

en este frenesí que da la sombra
con esta lujuria de lo no conseguido
y me vuelven fantasmas ya vividos
espíritus al sol que nadie nombra
inicio conversaciones que no tienen sentido
que se resuelven en silencio
que se agolpan interminables en la memoria
de lo nunca dicho
Ocurre que no puedo parar
que no sé como empieza
pero me resulta imposible detener
el hilo cansino de este poema
que intenta dejarte sin respiración
Ocurre que se me aparecen tus ojos
y te beso otra vez en un rincón
aunque todos los ángulos se hacen el muerto
cuando chocamos tu y yo
mientras escribo palabras según vienen
que no se pueden contener en las yemas
que recuerdo cartas que envidio poemas
que oigo tu voz agitándose en risa
o tornándose ternura que no encuentro el modo
de impedir que se me vuelve todo rojo
sin saber por qué
Ocurre que no se me cansan las manos
ni se me acaba el papel
y en la cabeza me aturde un diccionario
que me lanza sus términos en tropel
como si yo fuese una antena de carne
recubierta de piel y vocabulario.
Ocurre que no puedo parar

mientras escribo y que las horas pasan
como si fueran segundos fugaces
colibrís imparables suspendidos en las flores
hojas removidas por la tormenta
que cambian de sitio pero no se quieren ir
Ocurre que no soy capaz de desdecirme
ni mirar si he puesto los puntos y las comas
que fluyen inocentes la palabras de mi boca
sin que pronuncie nada sin resistir
Ocurre que los dedos se me aceleran
que me está dando miedo escribir sin frenos
que la cuesta abajo de los versos no tiene fin
que me invaden potentes pensamientos
que resucitan primaveras y alejan inviernos
que no puedo parar y no sé como empieza
que tendré que tirarme y saltar de este poema
que no descansa que me tiene preso
buscando rimas que no consigo
que por más deprisa que escribo
no encuentro la palanca del freno de mano
que me están atrapando estas letrasaunque no quiero salir
pero tendré que terminarlas de alguna manera
así que cierro los ojos, me cubro
la cabeza con los brazos
y salto en marcha de este poema
hacia la vida
que sea lo que dios quiera...



Tengo la suerte de que, de tanto en tanto, hay personas que me hablan sobre el blog. Entonces, inocentemente, me dicen "me ha gustado mucho tu último post" o "resultaba un poco tristón" o "tiene rimas aunque sea prosa".

Y yo hago como que sé de lo que me hablan. Pero lo que desconocen es que Olvido todo lo que escribo. Creo que, precisamente, para eso lo escribo, para soltarlo, para sacarlo de dentro y verlo flotar alejándose.

Todo lo que escribo son poemas sin terminar. Quizás también por eso olvide con tanta facilidad: para no tener que terminarlos.

Sea por una cosa o por otra, cuando me dicen inesperadamente, en alguna reunión de amigos, en algún evento al que acudo, que lea algo mío, algo que pueda recitar de memoria, siempre tengo que decir que no. Y aunque creen que mi actitud es modesta, lo que no saben es que tengo problemas de memoria. Muchos.

domingo, 15 de abril de 2012

Los pensamientos son nutritivos

Del mismo modo que en una alimentación equilibrada hay que comer de todo en su justa medida, las ideas que nos rondan la cabeza deben tener un equilibrio. La dieta debe ser variada, consumiendo preferentemente ideas frescas y de temporada.

La pirámide nutricional es una representación gráfica de la importancia que deben tener las diferentes clases de pensamientos en nuestra alimentación, según el tamaño relativo que ocupan en la pirámide.

De este modo, en la base, se incluyen los pensamientos positivos, que deben ser diarios y abundantes. Entre otros, a modo de ejemplo, los "yo puedo hacer esto", los "qué suerte que tengo" y la búsqueda de los aspectos que nos gustan de lo que estamos haciendo en cada momento, son fundamentales para una nutrición sana.

En un segundo nivel tenemos los pensamientos que nos aportan las proteínas de la interacción. Placeres cotidianos de conversaciones agradables, momentos que hay que dedicar a uno mismo, sólo o alrededor de los seres queridos, pensamientos amables con respecto a los que nos rodean o, simplemente, aquellos que resaltan los aspectos positivos de los acontecimientos que nos depara el día a día.

En el siguiente nivel están situadas los pensamientos lácteos y sus derivados. Reflexiones sobre la propia acción, descubrimiento de errores que susbsanar o de aciertos que repetir, recuerdos agradables que nos llegan en momentos de tranquilidad. También, aunque con menor frecuencia, podemos depurar problemas que los otros nos cuentan una vez pasados por el tamiz de nuestras propias circunstancias.

Y en el pico de la pirámide se encuentran los dulces, los sueños, la recreación de escenarios felices en los que estuvimos. La proyección de nuestros deseos, desde los más insignificantes y sencillos, hasta las grandes ideas sobre las que construir el futuro y tomar decisiones.

Los consejos que yo daría para una dieta equilibrada, son siete:

1. No tomar pensamientos carnales más de una vez al día, alternar con pollo o pavo. Es preferible incrementar los pensamientos sensuales. Evitar en lo posible frases hechas y tópicos. De retos, lo más aconsejable son de 2 a 3 semanales, en función de nuestro estado de ánimo.

2. Disminuir el consumo de pensamientos lácteos grasos y descremarlos a base de cocinarlos con un autoconcepto eminentemente positivo, pero no demasiado egocéntrico.

3. Utilizar las certidumbres con precaución, un máximo de tres veces por semana. No abusar de la misma, sino ir variando cíclicamente.

4. Los pensamientos superficiales y frescos, las primeras impresiones y las expresiones de afecto deben ser muy abundantes. El error que se comete comunmente es el de tomarlos solos y por eso pueden parecer poco alimenticios. Sin embargo, bien combinados con pensamientos profundos, con interacciones cotidianas o con resoluciones de problemas producen una agradable sensación de complicidad que proporciona un extra de energía sin sobrecargar el sistema.

5. No abusar de los dulces ni de los finales felices, ni de la ingenuidad de esperar que sean los pensamientos positivos de los otros quienes nos alimenten. No obstante, cabe decir que no es pernicioso, con la frecuencia adecuada, dejarse llevar por pensamientos sensuales y eróticos, que proporcionen ganas de vivir y alegría compartida. Lo que no es conveniente es sobrevalorar su aportación nutricional. Efectivamente, aportan mucha energía, pero energía que se gasta rápidamente.

6. La sal de las lágrimas, las especies que nos dan las pesadillas, los "si yo hubiera" o los pensamientos autocompasivos, son necesarios para una dieta saludable. Pero nunca deben tomarse como plato único. Se deben usar para proporcionar sabor con el que aderezar los otros pensamientos útiles. Sólo para eso. Si se abusa de ellos, puede que nos ocasionen subidas de tensión o tristeza acumulativa que puede acabar con cortar la circulación correcta del resto de los pensamientos que ingeramos.

7. Los pensamientos crudos y los fritos están totalmente desaconsejados. Un pequeño hervor, una cocción al vapor o una exposición al horno los hacen más digeribles y más sanos.

sábado, 22 de octubre de 2011

Demostración

Intento demostrar que existo.

Hago y deshago, escribo, pienso, dudo.
Estimo la posibilidad de algún antídoto
contra la soledad infinita de estar encerrado
en una piel que nadie toca,
compendio la necesidad de una cura
contra la nausea de colgar en el vacío.

Recorro una larga lista de pensamientos,
los noto surgir por dentro, hacerme cosquillas
en la punta de la lengua, los oigo
engarzarse en palabras, en sonidos
que quedan a merced del viento.

Qué importa lo que digo, no importa,
yo solo intento demostrar que existo
y en ese pesado devaneo de razonamientos
pasan de largo todos los ojos del mundo,
se entrecruzan las señales del camino
y los semáforos se quedan intermitentes.

No importa lo que digo, ni lo que dudo,
porque después de un instante de discurso
enardecido, sangrando palabras
por la misma boca que se muere
de versos, escucho
al otro lado de la escafandra de este buzo
que alguien me dice con una sonrisa:
-¡Bah, tonterías!

Y entonces sé que existo.
Tal vez un día, puede que alguien
intente demostrar que escribo.




AL DÍA SIGUIENTE

La habitación cegada navega a la deriva
en un mar de noviembre; ventanas con verdín,
escotillas de cieno, y lodo en la recámara.

Escribiendo en el agua de un lago ya perdido,
soportando borrascas y nieve y huracanes,
aparece la sombra de un buzo incorregible
con vidrios de tristeza que ponen sordo el día.
Entonces la mañana de un nunca desdeñado,
opaca y sigilosa, se retira sin pleito.

Es el mar de noviembre almacén de congoja
que la lluvia resume sin que pueda impedirse.

(José Carlos Rosales, El buzo incorregible, 1988)