Mostrando entradas con la etiqueta acierto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta acierto. Mostrar todas las entradas

miércoles, 13 de junio de 2012

Algunos

Cuando ella las pronunció, en ese tipo de secuencia de plano contra plano que a veces parece simular que el espectador es un privilegiado contertulio de los protagonistas, sus palabras se me quedaron dentro de los oídos.

Sabía que, tarde o temprano, escribiría sobre ellas, que me iluminarían un trocito de pensamiento en los días siguientes y, aunque resultaran difíciles de asimilar sin poner algunas importantes objecciones, algo de ellas me llamaba.

"Algunos de los mejores momentos de la vida, fueron errores", decía Uma, clavándome su mirada azul sobre el sofá. Una contradicción, una paradoja, una frase comercial, un pensamiento inútil... quizás, sencillamente, una mentira.

Más tarde, cuando te hacen saber del ridículo que vino dos días después de haber sentido un alivio que tú hubieras vuelto a balbucear con alegría, piensas en los errores, en cuál es el motivo, la causa, que convierte el efecto positivo en negativo. En dónde está la línea que divide los errores de los aciertos y, sobre todo, en cuándo unos se transforman en otros.

Se me ocurre que los mejores momentos, esos que guardo dentro de una cajita del pecho, no son errores ni aciertos, y que nadie debería tener poder suficiente, ni siquiera uno mismo, para convertirlos en naufragios.

Porque no sabemos lo que sentiremos en el futuro, porque no sé lo que escribiré mañana, quiero mantener en la tinta de hoy y en el papel que atraviesa el tiempo las palabras que digo, para que me recuerden lo sentido antes de que la memoria y la luz de otros tiempos las conviertan en mentira.

Y, al respecto de la película, se me ha ocurrido modificar la frase para hacerla verdadera y escribir aquí, como contradicción, como paradoja, como frase comercial, como pensamiento inútil, quizás, como mentira, que algunos de mis mejores errores, primero fueron aciertos.

Aunque la verdad que nunca podrá ser mentira, el acierto que nadie trocará en equivocación, es que algunos de los mejores momentos de mi vida, los he vivido en ti, por ti, contigo.



AUTOBIOGRAFÍA

Como el náufrago metódico que contase las olas
que faltan para morir,
y las contase, y las volviese a contar, para evitar
errores, hasta la última,
hasta aquella que tiene la estatura de un niño
y le besa y le cubre la frente,
así he vivido yo con una vaga prudencia de
caballo de cartón en el baño,
sabiendo que jamás me he equivocado en nada,
sino en las cosas que yo más quería.

(Luís Rosales, Rimas, 1951)



COLLAGE

Ligeras cruzan las edades, hay quien las cuenta en días,
y a través de su lluvia y su ceniza
cada vez más difícil resulta el resistirse
al perezoso vivir animal de la costumbre.
No sé por qué los versos que ahora escribo
parecen versos clásicos, y total para decir
que si después de tanto tiempo aún hoy
aprieto tu recuerdo entiendo que
estoy condenado
a naufragar todos los días
con la vejez que da el saber
que aunque me he equivocado en todo
esto es algo que especialmente he hecho
en lo que más quería.

(Santiago Montobbio, Ética confirmada, 1990)

miércoles, 11 de abril de 2012

Acierto

Si en aquella noche de agosto no hubiese disparado tantas teclas al aire, no sé si ahora yo sería más feliz, más rico, más prudente. No sé si ahora sería menos nocturno, menos reflexivo, menos tonto.

Ni yo lo sé, ni puede saberse. Ella me ha dicho que no comprende cómo es que el tipo ese que pasaba por la acera, fue su pareja durante nueve años. Que no entiende cómo pudo abandonarse a aquella pasión tumultuosa que le llevó hacia el hombre de su vida.

Es imposible rebobinar la historia. Porque aquellos dos amantes, eran otros. Otro él y otra ella, vivían en otro mundo, en otro doblez de la vida, en otra cotidianidad. Si hubiesen decidido seguir adelante... ¿serían mejores, más famosos, más cautos? Ni yo lo sé, ni ellos los saben. Ni puede saberse.

Hay quien dice "me equivoqué" como quien recita la penitencia de un antiguo pecado. Pero no puede saberse porque un sólo efecto siempre tiene muchas causas, y no todas conocibles. Si quitamos la pieza de dominó que hay en mitad de la fila... ¿caerá la última? No puede saberse; a veces, la tierra tiembla sin que nadie sepa cuando ni por qué.

No se puede saber cuando hay error ni cuando hay acierto. Solo nos queda la impresión, una impresión fugaz y subjetiva de creer que vamos bien por donde vamos.

Una impresión basada en sensaciones propias, que pueden ser muy sutiles y casi siempre inexplicables. Como inexplicable es lo que noto cuando me abrazas: esa sensación de estar completo, como si no me sobrara nada, como si no pudiera haber nada que me falte.

Fíjate que, en ese preciso instante que sólo dura unos segundos -es difícil de creer, ya lo sé-, ni siquiera me falta tiempo. ¿Cómo no voy a estar contento entonces?

Y sin embargo, puede que me equivoque. Pero nunca lo sabremos.




UNA HISTORIA

Ella le conoció
mientras tocaba al piano
una pieza olvidada.
Se miraron de lejos
y empezaron a hablar
sobre el vaivén del tiempo.

Ambos iban en busca
de alguna libertad:
ella ansiaba hace mucho
complementarse en él
y él deseaba con ella
fundirse solo en uno.

Rieron como locos
y así fue como amaron:
con la misma locura
con que se han olvidado.

(Javier Bozalongo, Líquida Nostalgia, 2001)