Deambulando por la noche, a las horas en que el universo cabe dentro de mí, he encontrado estas historias que me quitan el sueño, pero me dan la vida.
lunes, 3 de diciembre de 2012
Prodigios
en la palma de la mano
y al cerrarla, para que no escape,
la encontramos llena de otras manos.
A ratos, sin previo aviso,
el mundo hace un alto en el ángulo preciso
para anunciar el tiempo de los abrazos
y raramente, pero sucede,
consiguen escapar vivos
los sueños después de alcanzados.
Algunas tardes creo
que son posibles todos los milagros;
incluso, que de vez en cuando la vida,
esta misma vida que nos separa,
me bese en la boca
con tus labios.
domingo, 4 de noviembre de 2012
Veneno
Masacre en el dormitorio
Estábamos tranquilos,
dulces y agradecidos
con nuestras simples vísceras que nos dieron pretexto
para satisfacerlas.
Y estábamos haciéndolo
contentos.
Y he aquí que de pronto,
sin previo aviso
y sin pedir permiso, todos ellos
han venido a meterse en nuestra propia cama,
aquí,
entre nuestras sábanas,
y ponen los zapatos en la almohada
-donde pusiste el sueño-
y amenazan quebrar la cabecera que me costó serruchos y martillo.
No nos dejan estar,
nos registran los pelos de las ingles en busca del pecado,
sacan el código y el dedeté,
la indagación y los escapularios.
Yo no sé
ni me importa
si es que tienen derecho.
Me consta, nada más, que me son antipáticos,
que me molestan como las agruras
y los soporto sólo por ver si los alejo.
Son un tropel de gansos metidos en la cama,
graznan y ensucian todo con sus patas palmípedas,
amenazan con picos y miradas
y me parece que te me acobardan.
Lo único que quiero es besarte completa,
y poderme acostar sobre tu vientre
y saberte feliz de estar conmigo.
Amarte sin sofisma ni retórica.
Llenar los dos desnudos nuestra cama.
Creo que es suficiente.
No sé qué hacer con todos estos molestos pajarracos.
Miedo de que te lleven.
De que no nos permitan terminar nuestro abrazo.
Nos están estorbando.
No sé cómo espantarlos.
Creo que ahora mismo me sacaré los ojos.
(Manuel José Arce)
Nocturno
Apagaste las luces y encendiste la noche.
Cerraste las ventanas y abriste tu vestido.
Olía a flor mojada. Desde un país sin límites
me miraban tus ojos en la sombra infinita.
¿Y a qué olían tus ojos? ¿Qué perfume de oro
y de agua limpia y pura brotaba de tus párpados?
¿Que invisible temblor de cristales de fuego
agitaba la seda lunar de tus pupilas?
Recamaste la almohada con hilos de azabache.
Tejiste sobre el sueño un velo de blancura.
Eras la rosa pálida tiñéndose de rojo,
la rosa del veneno que devuelve la vida.
La blusa, el abanico, una pluma violeta,
el broche con la perla y el diamante en el pecho.
Todo abierto y en paz, transparente y oscuro,
sin dolor, navegando rumbo a tus manos frías.
(Luis Alberto de Cuenca, La caja de plata, 1985)
domingo, 30 de septiembre de 2012
Fina lluvia
¿Aún la puedes sentir? La fina lluvia anda difuminada en el barro y se ven las huellas de los pasos perdidos que una vez dimos para alcanzar ese sueño en el que, ahora, llueve a cántaros.
miércoles, 26 de septiembre de 2012
Abúrreme con historias
ríete de mis lágrimas,
rízame el pelo con las manos.
Respírame en el oído,
llévame en tu bolsillo,
véndete por un beso.
Sácame de este mundo,
dispárame al aire y no me dejes
volver a poner los pies en el suelo.
Invítame a un café,
a un café oscuro y sin gente.
Límpiame las gafas
para que te vea bien.
Hilváname en tu falda,
bórdame en tu almohada,
plánchame en un somier.
Dóblame con cuidado
para que no se me queden las marcas
y cuélgame dentro de tu armario.
Átame los ojos a la espalda,
acaríciame las manos con tu pecho,
muéveme la silla del mundo,
ponme a bailar claqué.
Desnúdame cuando tengas frío,
macérame en tus sueños,
córtame a pedacitos,
bébeme con limón.
Traspásame con un verso
y olvídame luego
en la guantera de tu coche.
Vuélveme loco esta noche
y después exígeme ser cuerdo,
mánchame los labios de carmín
y límpiamelo con los dedos llenos de tinta.
Pídeme que te mire
mientras te tapas los ojos,
apriétame fuerte, apriétame muy fuerte,
hasta que me duela cuando respiras.
Píllame en un descuido
y desármame como si fuera un puzle,
cámbiame las piezas de sitio.
Derríteme
y mójame fresas o mira
cómo me disuelvo en tu vientre.
Cómeme despacio y luego piérdeme de vista.
Ámame como a un viernes
y lánzame tu odio de lunes.
Duérmete a mi lado
o despiértate conmigo.
Rózame los complejos con tus labios
y aráñame
lo que nadie me acaricia.
Cómprame una vida.
Y entretanto vas haciendo
todo eso
y por todo eso que vas haciendo,
déjame que te escriba.
COMO GATA BOCA ARRIBA
Te quiero como gata boca arriba,
panza arriba te quiero,
maullando a través de tu mirada,
de este amor-jaula
violento,
lleno de zarpazos
como una noche de luna
y dos gatos enamorados
discutiendo su amor en los tejados,
amándose a gritos y llantos,
a maldiciones, lagrimas y sonrisas
(de esas que hacen temblar el cuerpo de alegría)
Te quiero como gata panza arriba
y me defiendo de huir,
de dejar esta pelea
de callejones y noches sin hablarnos,
este amor que me marea,
que me llena de polen,
de fertilidad
y me anda en el día por la espalda
haciéndome cosquillas.
No me voy, no quiero irme, dejarte,
te busco agazapada
ronroneando,
te busco saliendo detrás del sofá,
brincando sobre tu cama,
pasándote la cola por los ojos,
te busco desperezándome en la alfombra,
poniéndome los anteojos para leer
libros de educación del hogar
y no andar chiflada y saber manejar la casa,
poner la comida,
asear los cuartos,
amarte sin polvo y sin desorden,
amarte organizadamente,
poniéndole orden a este alboroto
de revolución y trabajo y amor
a tiempo y destiempo,
de noche, de madrugada,
en el baño,
riéndonos como gatos mansos,
lamiéndonos la cara como gatos viejos y cansados
a los pies del sofá de leer el periódico.
Te quiero como gata agradecida,
gorda de estar mimada,
te quiero como gata flaca
perseguida y llorona,
te quiero como gata, mi amor,
como gata, Gioconda,
como mujer,
te quiero.
(Gioconda Belli)
sábado, 5 de mayo de 2012
Tarde equivocada
en leer un poema, no muy largo, en el silencio
de una tarde lluviosa.
Todo lo que entiendo se entrecruza
con un algo que se imagina, con un mucho
que se sugiere, con un poco de mí
y una taza de café con leche
que espera mis labios tibios
entre sorbo y sorbo de metáforas ajenas.
Pero yo construyo las mías en cada verso
hilvanando voces, memoria, desencantos
y un mordisquito que doy de tanto en tanto
a una galleta que no es de la suerte.
El poema se acaba. Recuerdo entonces
que algunas noches imagino
el sorbo a sorbo de tus labios
en esta taza de mi boca, hueca y ronca
por todos esos excesos de ausencia
que se me quedan fuera de la página.
Y se me ocurre que eres tú quien me lee
en el poemario de alguna vida
y que todo lo que entiendes se entrecruza
con un algo que me sugieres, con un mucho
que te imaginas y con un poco de este yo
que ahora aprieta el libro y los ojos
como se cierra un poema que te emociona,
como se huele la rosa a primeros de mayo
o como se escuchan tres minutos de lluvia
de una tarde equivocada y llena
de este sin ti que va cayendo gota a gota,
lentamente, sobre los renglones.
La tarde equivocada
se vistió de frío.
Detrás de los cristales
turbios, todos los niños
ven convertirse en pájaros
un árbol amarillo.
La tarde está tendida
a lo largo del río,
y un rubor de manzana
tiembla en los tejadillos.
(Federico García Lorca)
viernes, 3 de febrero de 2012
Es copia fiel del original
CANCIÓN DE ANIVERSARIO"...incómodosde no sentir el peso de los años".J. Gil de Biedma
Son
extrañamente hermosos todavía,
estos labios de hace ahora tres años
y me parece inédito
el gesto de tu beso,
este llegar aquí cada vez más tranquilo,
con la serenidad
del que tiene por cómplice la vida
y su rutina.
Hoy sabemos que entonces,
cuando tus veinte años y mi primer abrazo,
empezamos por ser
sobre todo indecisos: la tímida torpeza
de la primera noche
y la dificultad
con que dejar las manos
en el hábito infiel de nuestros vicios.
Ahora
extrañamente hermoso estar aquí,
demasiado a menudo y decididos,
incómodo
de no sentir el peso de los años
aprendiendo contigo la premeditación
y escribiendo en tu piel mi alevosía.
Porque suele haber bancos donde se espera siempre,
aceras que prefieres por costumbre
o líneas de autobús al mediodía.
Y sin embargo tú
reapareces inédita en tu gesto
para decirme hoy
que le conteste al tiempo y sus preguntas
el práctico saber que tienes de mi cuerpo.
(Luís García Montero, Poemas de Tristia, 1982)
martes, 20 de diciembre de 2011
Cien
jueves, 9 de junio de 2011
Tengo un termómetro en los labios
LA POESÍA ES UN ARMA CARGADA DE MERCURIO
A Amparitxu, a Gabriel.
Yo sé que es vida esto que se mueve
entre estas venas rotas y cansadas.
No hay célula que tienda a resistirse.
No quiero ser inmune a nadie, a nada.
Yo sé, porque me duele cuando escribo,
que Amparitxu se acuerda de Celaya.
La poesía es un arma cargada de mercurio,
a casi todo el mundo se le escapa.
Y no sé por qué insisto en estos tiempos,
se nos van los poetas en silencio,
y luego el homenaje-navajada.
Hago trenzas de versos, me despeino.
Cuando se hace un milagro hay que dar caña.
Yo sé que es vida esto que se mueve
entre estas venas rotas y cansadas.
La poesía es un arma cargada de mercurio,
—hay una minoría que la atrapa—.
Los demás que se apañen con la nómina,
con el vídeo, la coca, o la esperanza.
(Belén Reyes)
sábado, 9 de abril de 2011
Todos los besos son derrotas
La ciudad extiende sus brazos
por debajo de los días y de las noches,
enciende cuestiones de trabajo,
vulnera discusiones, discursos, atascos,
parpadea y llena de semáforos oscuros
la piel de los pasos de peatones.
Llego de nuevo a esta ciudad,
que raramente sale en las televisiones,
sin haberme ido del todo, sin apenas
haberme quedado un poco perdido en sus rincones.
Me acaba de ver nacer lentamente,
me escucha pasear a malas horas,
hacer cola en la taquilla de las ilusiones,
asfaltando el final de las historias.
Vago por la ciudad de cemento y ascensores
como pirata del caribe perdido en una obra.
Todos los besos son derrotas, todos
los besos pierden aunque parezcan ganadores,
cuanto más saben a gloria los besos,
más señalan a los perdedores.
Voy llenando de cruces rojas
la ciudad de mis labios
que guardo en un mapa de Granada,
como escribo vivas en la memoria
todas las cosas que no existen
y aquellos besos que me diste
sabiendo que eran sombras.
La ciudad y sus brazos de calle
van alargando su longitud de onda
pero nunca terminan de abrazarme
cuando todos los besos son la misma derrota
que flota en el aire.
BESOS EN LA MULTITUD
En medio del apretujamiento
Del calor de tantos
Te volviste hacia mí
Me besaste
Tu beso nos dejó solos
En la multitud
Hizo sin palabras
Las palabras(Gioconda Belli)